Formativo

En la iglesia cristiana más antigua conocida, ubicada en Siria, una pintura en una de sus paredes podría considerarse una de las imágenes mas antiguas en la historia de la Virgen María.

Así lo han explicado algunos arqueólogos que han investigado la imagen que representa a una mujer inclinada sobre un pozo. Esta figura está impresa en un pequeño baptisterio de la iglesia Dura-Europos, que data del siglo III y fue descubierta en excavaciones antes de la Segunda Guerra Mundial.

De confirmarse el dato, esta imagen sería solo superada en antigüedad por la imagen de las Catacumbas de Priscila en Roma, en la que aparece la Virgen María amamantando al niño Jesús, que es del año 150 d.C.

En un artículo titulado “Las primeras representaciones de la Virgen María” de la revista sobre arqueología bíblica, Biblical Archaeology Review, la especialista Mary-Joan Leith indicó que si bien algunos investigadores creen que la escena de la mujer corresponde a la de la mujer samaritana que habla con Jesús junto al pozo de Jacob (Juan 4: 1-42), hoy se discute otra posibilidad.

Leith revisó el argumento del estudioso Michael Peppard de que el retrato no representa a la mujer samaritana, sino a la Virgen María en el momento de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel le anuncia que llevará al Hijo de Dios en su vientre:

“Como explica Peppard, la Anunciación de Dura-Europos no está basado en Lucas 1, 26-38, sino en el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo del siglo II que narra la vida de María hasta el nacimiento de Jesús”, expresó Leith.

La experta añade que de acuerdo al texto apócrifo, María “tomó el cántaro y salió a llenarlo de agua y ¡he aquí! Una voz dijo: ‘¡Salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre las mujeres!’ Y miró a su derecha y a su izquierda para ver de dónde podría haber venido esta voz”.

Si la interpretación de Peppard es correcta, esto haría que el retrato en la iglesia Dura-Europos sea la imagen más antigua de la Virgen María.

Según Leith, otras primeras imágenes de la Virgen María pueden arrojar luz sobre las creencias cristianas en los primeros siglos.

“Entre los rompecabezas está la forma en que los cristianos vieron a la madre de Jesús, María, en los primeros siglos del cristianismo. El estatus de María en el cristianismo solo se hizo oficial en el 431 cuando el Concilio de Éfeso le otorgó el título de Theotokos (Madre de Dios)”, indicó.

Finalmente, la experta indicó que “la información sobre el significado de María antes, ya sea visual o textual, es sorprendentemente escasa, sin embargo, la arqueología ha proporcionado algunas pistas útiles”.

Fuente: aciprensa

El Papa Francisco dijo en la Misa que presidió en Santa Marta que “siempre existirán resistencias al Espíritu Santo” y esto lo puso en relación a la “rigidez” que poseen algunos, a los que recomendó “discernir los signos de los tiempos”.

“Siempre existirán resistencias al Espíritu Santo, siempre, siempre hasta el fin del mundo. Que el Señor nos dé la gracia de saber resistir a lo que tenemos que resistir, a lo que viene del maligno, a lo que nos quitar la libertad y sepamos abrirnos a la novedad, pero solo esas que vienen de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, y nos dé la gracia de discernir los signos de los tiempos para tomar las decisiones que nosotros debamos tomar en ese momento”, pidió.

Sobre los rígidos, explicó que siempre “vuelven sobre la misma pregunta, son incapaces de salir de ese mundo cerrado, son prisioneros de las ideas. Han recibido la ley que era vida, pero la han ‘destilado’, la han transformado en ideología y así dan vueltas, dan vueltas y son incapaces de salir de cualquier novedad porque para ellos es una amenaza”.

El Papa puso de ejemplo a los discípulos, quienes “permanecieron dóciles al Espíritu Santo para hacer algo que era más que una revolución”, “un cambio fuerte” y en el centro estaba “el Espíritu Santo: no la ley, el Espíritu Santo”.

“La Iglesia era una Iglesia en movimiento, una Iglesia que iba más allá de sí misma. No era un grupo cerrado de elegidos, una Iglesia misionera. Es más, el equilibrio de la Iglesia, por así decir, y era precisamente la movilidad, en la fidelidad al Espíritu Santo”.

Francisco mencionó que “alguno decía que el equilibrio de la Iglesia se asemejaba al de una bicicleta: está parada y va bien cuando está en movimiento; si tú la dejas parada, cae. Es un buen ejemplo”.

Fuente: aciprensa

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Nuestro Señor triunfó sobre la muerte y el pecado, y su triunfo nos invita a seguirlo. Si queremos seguirlo en la gloria, tendremos que seguirlo en su Pasión. Su triunfo sobre la muerte es clarísimo, lo que no nos queda claro es cómo vence sobre el pecado. La Cuaresma es una conmemoración de los cuarenta días que Nuestro Señor pasó en el desierto, donde fue tentado por Satanás («Cuánto miedo tendría el maldito», dice Santa Teresa) y venció las tentaciones con oración y ayuno.

Pero las tentaciones que venció Jesús, ¿son las mismas tentaciones que tenemos todos los hombres? Parecen tentaciones bastante “raras”. Pan para alguien que acaba de ayunar cuarenta días: ¿no sería necesario? ¿No sería algo deseable poder comer un poco de pan, aunque sea? Volar por los aires desde el pináculo del templo, eso sí que es bien raro. Yo diría que si rechazó pan, ¿para qué necesitaría volar? Y después le ofrece todos los reinos de la Tierra, si postrándose, lo adora. Bueno, no sé a ustedes, pero a mí el diablo jamás me ofreció todos los reinos de la tierra, ni volar, ni siquiera pan… ¿Nuestras tentaciones son iguales?

¿Cómo nos tienta el diablo?

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Las tentaciones de Jesús son las tentaciones “típicas”, en el sentido que son el “tipo” sobre el que se calcan las tentaciones de los demás hombres. En la meditación de las Dos Banderas, de los Ejercicios Espirituales, San Ignacio dice:

«(…) primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, […], para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el segundo de honor, el tercero de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios».

La primera tentación: La codicia

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La primera tentación de Cristo, la de convertir las piedras en pan, es la tentación de la codicia de los bienes materiales. Jesús estaba realmente hambriento, y necesitaba pan ciertamente, pero el problema era el “cómo” obtener esas “riquezas”. Satanás lo tentaba a que usara sus poderes espirituales para conseguir algo que podía conseguir por unas pocas monedas en cualquier lugar. Poco tiempo después, cuando estaba en Caná, Nuestro Señor hizo un milagro similar, transformar agua en vino, pero lo hizo por pedido de su Madre, y no por pedido del tentador, y lo hizo por un bien espiritual: con ese pequeño milagro, «sus discípulos creyeron en Él».

La segunda tentación: El orgullo

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Este tentación tiene que ver con el “vano honor del mundo”. Volar como un helicóptero desde el pináculo del templo, seguramente haría famosísimo a Jesús. Pero no era su objetivo, Él no quería hacerse famoso, es más, huía de aquellos que lo querían proclamar Rey de Israel, porque «Su Reino no es de este mundo». Jesús no necesitaba la fama, y de hecho, sin volar, se hizo con su Pasión, Muerte y Resurrección, la persona más “famosa” del mundo, al punto que dividió la historia en dos.

La tercera tentación: El poder

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Esta es la tentación del poder directo sobre todas las naciones del mundo. También Jesús lo podría haber obtenido, de hecho, lo obtuvo, porque los mansos de corazón heredaron la tierra. El “problemita” es que satanás le ofrecía esos reinos si Jesús se postraba para adorarlo. Dios adorando a satanás. No creo.

Vistas así, las tentaciones no parecen tan raras. Y es que el diablo no es sonso. Tienta a cada uno según su propia naturaleza, y a todos nos tienta igual, nada más que con lo que Dios nos va a dar de todos modos. A Adán y a Eva los tentó diciéndoles «Seréis como Dioses», y mediante la vida de la gracia podemos “ser como Dios”, es decir, participar en su vida divina.

Somos tentados con astucia

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Como nos tienta según nuestra propia naturaleza, nos tienta con cosas que nos aparecen a nosotros como «apetitosas para comer, agradables a la vista y deseables para adquirir discernimiento». Este “esquema” de tentación está siempre presente: primero, nos tienta con el apetito sensible, luego con la vanidad, y por último con la soberbia. En su Exhortación Apostólica “Firmes en la Brecha”, el obispo de Phoenix, Thomas Olmsted, hace un llamado de atención sobre este modo de trabajar del diablo:

«En su primera Carta a la Iglesia, San Juan habla de la triple tentación que todos enfrentamos: tentaciones a la pasión de la carne, codicia y ostentación de riqueza (1 Juan 2, 16-17). ¿Qué no están todos los pecados ligados a estos tres? Juan identifica las batallas que todos debemos pelear en nuestro interior».

Para los hombres (varones), nada es hoy más visible que esta triple tentación. Nos tienta con la “carne”, especialmente mediante la pornografía, a obtener placeres ilícitos de la sexualidad. Nos tienta mediante la codicia, a obtener cosas que no necesitamos, a buscar la añadidura sin ocuparnos de las cosas del Reino, y nos tienta a la ostentación, a vanidosamente “demostrar” que tenemos más que los otros, que nuestro auto es más nuevo, o nuestro celular más moderno, o nuestra vida mejor que la del prójimo.

Y lo malo es que como esos pecados son de acuerdo a nuestra naturaleza masculina, pecamos casi “con gusto” con las tentaciones que satanás nos ofrece. Estamos atiborrados de testosterona y nuestra carnalidad es fácilmente tentable. Estamos llamados a conquistar, mediante la fuerza, y en este mundo que nos toca vivir, donde la vida sedentaria ha hecho que desaparezca el esfuerzo físico hasta para las tareas más sencillas, esa “testosterona sobrante” se resuelve en lujuria y agresividad. Nos tienta con la codicia, y somos “mandados a hacer” para obtener cosas del mundo. Nacimos para vivir en un mundo hostil, y lo que antes se resolvía en fuerza para vencer a las inclemencias del tiempo y las dificultades de la vida, actualmente se desarrolla en codicia. Queremos más. No importa qué, pero queremos más, mucho más, aunque ya tengamos suficiente. Acumulamos “tesoros” y se nos va la vida en pagar lujos que no disfrutamos. Y nos tienta con la soberbia, naturalmente. Si obtuvimos tantas cosas, tenemos que exhibirlas. Y para ello nos jactamos, y las exhibimos, paseándonos en ellas o mostrándolas en nuestras redes sociales, o en las reuniones familiares o de amigos.

Pecamos entonces siguiendo el mismo esquema de siempre: apetitos sensibles, vanidad, orgullo, posesividad, codicia. La mecánica de las tentaciones es siempre la misma: cuando alguna cosa creada ocupa el lugar de Dios. Esa cosa creada puede ser cualquiera: la carnalidad, el ego, o las riquezas, cuando las queremos más que a Dios, estamos en un grave, gravísimo problema. Porque nuestra alma tiene un agujero del tamaño de Dios, y tratar de llenarla con alguna criatura finita, nos hace más infelices, y no más felices. De allí la gran ansiedad y depresión del mundo contemporáneo: tienen demasiado, y no saben qué hacer con ese demasiado. Pero no tienen lo único necesario, lo único que puede hacerlos felices: el Amor Infinito de Dios. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta.

Si te sientes muy tentado o has caído… recuerda acercarte al sacramento de la confesión.

Fuente:CatholicLink

La segunda catequesis del ciclo sobre el Bautismo que el Papa Francisco ya comenzó la semana pasada en la Audiencia General, se centró en esta ocasión en el “signo de la fe cristiana”, e hizo dos curiosas recomendaciones para recordar cada día este sacramento.

Durante su catequesis en la Plaza de San Pedro, el Papa invitó a hacer el signo de la cruz “cuando nos despertamos, antes de las comidas, ante un peligro, en defensa contra el mal, la noche antes de dormir, significa decirnos a nosotros mismos y a los demás a quién pertenecemos, quién queremos ser”.

Pero también invitó a hacer en casa como en la Iglesia y “conservar en un vaso de agua un poco de agua bendita” y “así, cada vez que entramos o salimos, haciendo el signo de la cruz con el agua recordamos que estamos bautizados”.

“Hacemos memoria en la aspersión con el agua bendita que se puede dar el domingo al inicio de la Misa, como también en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual”.

En este sentido, señaló que “regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el empeño de corresponder en las condiciones en las que hoy nos encontramos”.

El Papa recordó que en el rito de acogida viene preguntado el nombre del candidato, “porque el nombre indica la identidad de una persona”.

“Dios llama a cada uno por el nombre, amándonos individualmente, en la concreción de nuestra historia”.

“El Bautismo –prosiguió– enciende la vocación personal a vivir como cristianos, que se desarrollará en toda la vida. Implica una respuesta personal y no remunerada, con un ‘copia y pega’. La vida cristiana, en efecto, está entretejida de una serie de llamadas y de respuestas”.

Francisco apuntó que “los padres piensan en el nombre que dar al hijo ya desde antes de que nazca: también esto forma parte de la espera de un hijo que, en nombre propio, tendrá su identidad original, también para la vida cristiana unida a Dios”.

El Papa recordó que “la fe de no se puede comprar, pero sí pedir”. “En suscitar y despertar la fe sincera en respuesta al Evangelio tienden la formación de los catecúmenos y la preparación de los padres, como la escucha de la Palabra de Dios en la misma celebración del Bautismo”.

“Si los catecúmenos adultos manifiestan en primera persona lo que desean recibir como don de la Iglesia, los niños son presentados por los padres y con los padrinos”.

“El diálogo con ellos permite expresar la voluntad de que los pequeños reciban el Bautismo y a la Iglesia la intención de celebrarlo”, explicó.

También afirmó que “la cruz es el distintivo que manifiesta quién somos: nuestro hablar, pensar, mirar, obrar está bajo el signo de la cruz, es decir, del amor de Jesús hasta el fin”, dijo al rememorar cómo los niños son signados con la cruz en la frente, en la boca y en el pecho”.

“¿Nuestros niños sabe hacer el signo de la cruz bien?”, se preguntó. “Muchas veces he visto a niños que para hacer la señal de la cruz hacen así…, no saben hacerlo, vosotros, padres, madres, abuelos, padrinos, madrinas, debéis enseñarles a hacer bien el signo de la cruz porque es repetir lo que ha sido hecho en el Bautismo”.

POR ÁLVARO DE JUANA | ACI Prensa

Fuente: aciprensa

Mahairo Yuki era un joven japonés ateo que se convirtió al cristianismo gracias a su interés por la Historia del Mundo. Hoy, a sus 26 años, se prepara para ser sacerdote.

“Cuando era pequeño no era cristiano, sino ateo. En mi familia no teníamos ninguna fe, ninguna creencia. Pero cuando estaba en el colegio me interesaba mucho la Historia del mundo y la Historia de la Iglesia. Tenía mucha inquietud, por eso un día fui a la catedral de Oita (Japón), y dije que quería hablar con el sacerdote que me dijo que si tenía esa inquietud podía empezar a tener catequesis”, explicó Mahairo en una entrevista concedida a ACI Prensa.

El P. Damián Kazuki fue el sacerdote que durante un año le enseñó la fe cristiana a Mahairo, y durante la Vigilia pascual del año 2010 recibió el Bautismo, la Confirmación y la Primera comunión, entonces tenía 18 años.

Según afirma Mahairo lo que más le impresionó al conocer la fe católica fueron “la universalidad de la Iglesia y la caridad cristiana”.

“La Iglesia no es una institución humana, sino sobrenatural. El Santo Padre es sucesor de San Pedro y vicario de Cristo en la tierra y eso yo no lo sabía y me pareció muy bonito, sobrenatural”, asegura el joven.

Entró en la universidad para estudiar Literatura y a pesar de que sus padres no comprendieron su conversión al cristianismo, Mahairo continuó su formación y descubrió que tenía vocación al sacerdocio gracias a la ayuda del P. Damián Kazuki.

“El P. Kazuki me recomendó hacer unos días de retiro espiritual y allí descubrí mi vocación, era el año 2015”, recuerda.

Pero no todo fue tan sencillo: los padres de Mahairo estaban muy sorprendidos con su cambio de vida. “Mi padre lo aceptó desde el principio, pero mi madre no entendía muy bien mi conversión y se enfadó mucho con mi vocación sacerdotal. El P. Kazuki me apoyó mucho espiritualmente y también con mis padres, habló con ellos durante más de un año sobre esto. Ahora lo han aceptado y están muy contentos”.

“Durante muchos años no hubo seminaristas japoneses en mi diócesis, el P. Kazuki había estudiado Teología y Filosofía en la Universidad de Navarra y vivido en el Colegio Mayor Bidasoa, en Pamplona (España) y me propuso ir a hacer los años de seminario allí. A mi Obispo le pareció bien y aceptó que fuera a estudiar a España”, explica el joven al que le quedan aún tres años para ordenarse sacerdote.

Mahairo asegura que “desde la llegada de San Francisco Javier, Japón es tierra de misioneros”, pero destaca que a pesar de que “la Iglesia y el cristianismo es universal” las vocaciones nativas son muy importantes porque “un sacerdote japonés puede acercar mucho mejor el Evangelio a su gente porque les entiende mucho mejor”.

La Obra de San Pedro Apóstol, una de las Obras Misionales Pontificias (OMP), apoya económicamente a la formación de las Vocaciones Nativas con la construcción de seminarios y noviciados y sostiene anualmente a 76.917 seminaristas, es decir, uno de cada tres seminaristas en el mundo y a 5.649 novicios y novicias en su primer año.

Gracias a la generosidad de los fieles de todo el mundo, en el año 2017, el Fondo Universal de Solidaridad de San Pedro Apóstol envió más de 18,5 millones de euros a los territorios de Misión.

Según datos facilitados por OMP el número de vocaciones que nacen en las misiones se ha multiplicado. De hecho, el número de sacerdotes nativos pasó de 46.932 a 88.138 en los últimos 30 años.

Además los sacerdotes nativos atienden al doble de personas que la media universal. En las misiones hay 38.126,11 habitantes por sacerdote, mientras que en los territorios que no son de misión la media está en 17.439,76 habitantes por sacerdote.

Etiquetas: sacerdote, Japón, Iglesia en España, Ateos Convertidos, Vocación, conversión.

Fuente: aciprensa

Voz del Pastor

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