Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Viernes 14a TO - San Enrique)

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Mateo 10, 16-23
«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas». Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
«Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.»
Palabra de Dios...

Señor, tú lo sabes todo, conoces lo débil y miserable que soy. Dame tu mano en este día para no tener miedo de decir que soy católico, para testimoniar tu amor a los hombres y ser capaz de quererte un poco más. Dame tu corazón para hablar bien de los demás y sembrar caridad. Dame tus ojos para ver al que sufre. Y, sobre todo, dame la gracia de ser cada vez un mejor hijo tuyo.

Meditación
Vivimos en una sociedad donde cada día se aseguran más cosas: la casa, el coche, las joyas o las obras de arte (el que las tiene), el riesgo de averías, de incendios, la responsabilidad civil de los profesionales (y aún en las familias), la atención sanitaria privada,…

Necesitamos un respaldo, y la sociedad (algunas empresas) nos lo facilita por un módico precio. Es una forma de vender tranquilidad. Si algo me pasa, está el seguro.

Jesús, en este pasaje, anuncia las peores calamidades para sus seguidores: persecuciones, azotes, juicios,… pero también garantiza el respaldo. Lo que ocurre que esta vez es gratis. Dios mismo nos asiste en las desgracias, en los males sufridos por su causa.

Se impone un ejercicio de confianza. Los que se encuentran con Dios personalmente, pueden (podemos) dar testimonio de la tranquilidad, la paz interior, la confianza que produce el saberse en sus manos. La fe, la Esperanza (con mayúscula), no evita los problemas, las preocupaciones, ni nos proporciona soluciones eficaces (mágicas) a los conflictos de cada día. Pero sí nos da la serenidad suficiente para abordar las dificultades con otro talante; para saber que, al final, está Dios, y que Él no nos deja solos, que nos da la fuerza necesaria para seguir adelante.

No nos van a perseguir, probablemente, ni nos van a llevar ante el juez por anunciar el Evangelio, pero sí padecemos a diario otras preocupaciones. Dios nos garantiza que, si contamos con Él, Él estará con nosotros. Y (repito) aunque eso no nos solucione automáticamente los conflictos, nos dará la serenidad y la entereza necesarias para buscar la salida, o para llevar adelante la dificultad con otro ánimo. Porque nada hay más poderoso que Dios, y Él está de nuestro lado. Es la experiencia de muchos.

¿Nos animamos unos a otros en la comunidad a asumir en fe nuestra debilidad para que siempre se resalte la fuerza del Espíritu en medio nuestro?

Aférrate siempre a las manos de Dios y no las sueltes jamás. Madre Teresa de Calcuta.

Fuente: Varias

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 14a TO)

Mateo 10, 7-15
«Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento». «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.»
Palabra de Dios...

Señor, quiero invertir todo mi tiempo y energia a llevar a cabo la misión que me has encomendado, con tu gracia lo puedo lograr.

Meditación
El Evangelio de hoy nos indica en qué condiciones pide Jesús a sus apóstoles que prediquen su buena noticia. Condiciones que no son las mismas con las que hoy tenemos que evangelizar. El criterio de predicación es claro para todos los tiempos: aquello que favorezca la proclamación del evangelio es adecuado, aquello que lo perjudique será inadecuado y debemos evitarlo.

El pasaje está lleno de guiños a la cultura judía, a su sentido de la hospitalidad, al anuncio del Reino a través de curaciones, al concepto que entonces se tenía (y al uso que se hacía) del castigo “en el día del juicio”…

Pero, sobre todo, nos recuerda que evangelizar, ser portadores de la Buena Noticia, no es algo complicado, reservado sólo a los teólogos, a los ministros ordenados de la Iglesia o a los catequistas experimentados.

Evangelizar es llevar la paz, acoger y ser acogido. Evangelizar es saludar por las mañanas con un “buenos días” sincero. Evangelizar es sonreír de vez en cuando y no tener siempre cara de circunstancias. Evangelizar es preguntar por la familia, interesarse por las preocupaciones del otro. Evangelizar es levantar la vista del teclado o la pantalla del ordenador cuando alguien se dirige a ti, y mirarle a la cara. Evangelizar es ceder el paso, el asiento o la preferencia por delicadeza, por cariño. Evangelizar es tener un gesto cariñoso en el momento oportuno. Evangelizar es escuchar con paciencia. Evangelizar es hablar sin ser pesado, sin poner “mis” cosas como centro de la conversación. Evangelizar es conducir con prudencia, atento a los otros (vehículos o peatones) para facilitarles el paso. Evangelizar es ser servicial, hacer pequeños favores con alegría y soltura. Evangelizar…

Porque recibimos gratis el Evangelio, el Amor de Dios. Y es justo (y, si somos sinceros, inevitable) darlo gratis. En el amar está incluido el premio, la satisfacción de hacer felices a otros, aunque sea en pequeñas cosas.

¿Cuál es el testimonio que irradio a los demás? ¿Sé dejar el buen olor a Cristo con mi presencia, testimonio y conversaciones?, ¿o el respeto humano puede más en mí, y no soy capaz de dar ese testimonio que Cristo me pide?, ¿es mi comportamiento distinto frente a Dios y frente a los demás, o soy un hombre auténtico que actúa siempre de cara a Dios?

Fuente: Varias

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 14a TO - Santos Agustín Zhao Rong, Presbítero, y compañeros, mártires (en Colombia))

Mateo 9, 32-38
«Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.» Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.» Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»
Palabra de Dios...

Señor, sé que la mies es mucha y los trabajadores pocos. ¡Hazme un obrero de tu mies!

Meditación
Siempre que alguien hace el bien, hay otro que ensombrece su quehacer y su persona. Si alguien brilla con luz propia, alguien aparece con su sombra de celotipia para oscurecerla. Pero eso, no puede abocarnos a una sola mirada. Se necesita trascender las sombras para ver el bien que se nos ha mostrado. Es lo que le pasa a Jesús en este evangelio de Mateo.

Jesús cura a un endemoniado que es mudo, lo libera de su demonio, y comienza hablar. Porque la experiencia de liberación no puede hacer callar la acción de salvación que Jesús obra en su vida. Ha de comenzar el testimonio. Uno no queda igual, cuando siente la experiencia de liberación en un encuentro con Jesús.

Mientras la gente admiraba a Jesús por hacer el bien y liberar a la gente, los fariseos hacían de hermanos de las sombras, ensombreciendo la labor de Jesús. “Ese echa los demonios con el poder del jefe de los demonios”.

Pero eso no detuvo a Jesús. El texto hace contrastar la inoperancia de los fariseos frente a la acción Evangelizadora de Jesús predicando el Reino, curando todas las enfermedades y dolencias. Porque se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas sin pastor. Y ese es el peligro al que se enfrenta cada creyente, porque en tiempo de escasez, de desorientación y crisis podemos caer en la desidia y abandono de toda acción salvífica que a través de nosotros Dios puede realizar. Podemos caer en la no disponibilidad y cerrar nuestras puertas de libertad para que Dios nos muestre como instrumento de liberación. No podemos mirar a la gente extenuada y abandonada y quedarnos en la indiferencia. Dios nos pide colaboración.

La acción de Jesús le lleva a pedir la oración a Dios a todos los que le siguen, una llamada a volver a Dios nuestra mirada, para que mande más trabajadores para su mies.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Fuente:https://www.dominicos.org/ 

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Lunes 14a TO - Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Patrona de Colombia)

Lucas 11, 27-28
«Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»
Palabra de Dios...

Jesús confío en Ti, que nunca dejes que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Y que siempre nos darás el ciento por uno y la vida eterna, cada vez que dejemos todo y te sigamos.

Meditación
Colombia celebra hoy la fiesta de la Patrona Nacional, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Por eso, el Evangelio (Lc 11, 27-28) relata que estaba Jesús predicando sobre su poder, que obvio viene de Dios, cuando alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: “¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” Pero Él replicó: “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.” Pasaje muy breve pero encierra un gran significado para entender lo que Lucas enseña respecto de María, la Madre de Jesús. Jesús está hablando y una mujer, que se encontraba dentro del auditorio, hace una exclamación para resaltar a Jesús; sin embargo, esta resulta ser todo un elogio hacia la madre de Jesús, María, pues dijo: “¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!”, en otras palabras María Santísima debe estar muy feliz de tener un hijo así; a pesar de ello, la respuesta inmediata de Jesús es la siguiente: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan”; es decir que hace un elogio aún mayor para con su Madre como para todo aquel que escucha la Palabra de Dios, la guarda en su interior, la obedece a cabalidad, al practicarla. Y es que María en su respuesta a la Voluntad Divina, fue entera e íntegramente obediente, de ahí que sea modelo a seguir para todos los que pertenecen a la Iglesia, pues María no sólo acoge la Palabra de Dios sino que la encarna, la vive, la profundiza, la rumea e incluso la transmite o lleva a sus hermanos. Así las cosas, ha de aprehenderse mucho de María Santísima, pues con total humildad, pureza y amor en su vida silenciosa y bondadosa no sólo vivió el Evangelio sino que enseñó el camino seguro a seguir, aquel que Ella misma siguió, para conocer y amar a Jesús, y así ser la Hija Predilecta de Dios Padre, la Madre de Dios Hijo y la Esposa de Dios Espíritu Santo, para lo cual practicó las siguientes virtudes, como se lo dijo a santa Faustina: “Hija Mía, por mandato de Dios, he de ser tu madre de modo exclusivo y especial, pero deseo que también tu seas Mi hija de modo especial. Deseo, amadísima hija Mía, que te ejercites en tres virtudes que son mis preferidas y que son las mas agradables [a] Dios: la primera es la humildad, humildad y todavía una vez mas humildad. La segunda virtud es la pureza; la tercera es el amor a Dios. Siendo Mi hija tienes que resplandecer de estas virtudes de modo especial.” (Num. 1414-1415 DSF) ¡Jesús, en Ti confío!

Fuente: http://www.opusmisericordiae.org/

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 13a TO - Santa Isabel de Portugal)

Mateo 8, 28-34
«Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a la piara de puercos.» Él les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su territorio.»
Palabra de Dios...

Jesús, te pido que nunca te alejes de mi vida y que reines siempre en mi corazón.

Meditación
Querido amigo/a:

La escena del evangelio de hoy es un buen pasaje para contemplar, para meterse en la historia, para mirar a la cara a sus personajes, más allá del ropaje cultural en el que nos viene presentada.

Por un lado, están dos personas “endemoniadas”. ¿Qué les pasaba? El evangelista nos da pocos datos, pero suficientes: vivían en el cementerio, muertos en vida, apartados de la civilización; estaban furiosos, agresivos, fuera de sí... ¿quién no lo estaría si las circunstancias de la vida lo hubieran confinado al cementerio? Y provocaban temor, de forma que nadie se atrevía a ir por donde ellos iban.

Ante ellos aparece Jesús. Él mismo ha decidido acercarse. Ha querido ir “a la otra orilla”, a esa tierra concreta. Y los que llamaban “endemoniados”, quién sabe si por la novedad o por la esperanza, “salieron a su encuentro”. Y ante Jesús, hacen lo único que parece sabían ya hacer: gritar. Y Jesús no se aparta, no echa a correr asustado como los demás, sino que permanece, de pie, ante ellos. Quizá por eso los dos hombres pronuncian una segunda frase que suena a petición de ayuda, vislumbrando una posible salida de su situación. Y Jesús entra en diálogo con ellos. Y en esa acogida incondicional, son liberados del mal que les acechaba. La salvación, de la mano de la liberación, ha llegado a su vida.

Frente a Jesús, los del pueblo no se enteran de nada. No les ha gustado el cambio de la situación. Estaban acostumbrados a apartar a aquellos hombres. Vivían más tranquilos. Ahora parecen preocuparse más de las molestias que les ocasiona el cambio que de la salud de sus paisanos. Todo lo contrario de Jesús.

Ante este pasaje podemos meternos en la piel de los hombres llamados “endemoniados”: ¿cuáles son mis “demonios” –los que me hacen ir por la vida sin vida, con ira, asustando a los demás-?. Podemos meternos en la piel de los del pueblo: ¿cómo reacciono ante los “demonios” de otros y ante sus posibles cambios?. O podemos ponernos en el lugar de Jesús, para aprender de su acogida incondicional que hace posible la salud integral y la vida.

Que disfrutes de esta bonita historia.

Fuente: Ciudad Redonda

Voz del Pastor

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