Liturgía

Lunes, 21 de mayo de 2018

CURANDO Y RESUCITANDO
(Sant 3,13-18; Mc 9,14-29)

Introducción
En su carta, Santiago presenta a sus fieles reglas de vida moral cristiana y una expresión de la verdadera sabiduría de la fe.
Evangelio. Jesús cura a un muchacho poseso, alzándolo, tomándolo de la mano. Jesús pide fe y oración confiada, de otro modo nos cerramos a la acción de Dios. Marcos dice que “Jesús levantó al muchacho poseso cogiéndolo de la mano”; así describe su curación en términos de resurrección, como la curación de la suegra de Pedro o la resurrección de la hija de Jairo. Con su tacto, “cogiéndolo de la mano”, Jesús cura y restaura vida.

Oración Colecta
Oh Dios, Padre compasivo:
Por medio de tu Hijo Jesucristo
tú alzaste a los enfermos a una vida plena,
curándolos de sus enfermedades.
Tómanos a nosotros también de la mano,
tócanos y restáuranos a una humanidad más plena.
Toca nuestra mente, para que seamos más sabios
y mira al mundo y a la gente
con tus ojos compasivos.
Toca nuestro corazón,
para que sepamos amar más
y servir mejor a nuestros hermanos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, ayúdanos a alzar de su desaliento a los descorazonados y abatidos, gracias a nuestra amistad y cercanía, y a nuestras palabras reconfortantes, así te lo pedimos:
Señor, bendice a los doctores, enfermeras, y a todos los que cuidan de los enfermos, para que logren levantar de su postración y enfermedad a los que buscan su ayuda, y así te lo pedimos:
Señor, resucita de entre los muertos a todos nuestros seres queridos difuntos que murieron con fe y esperanza en la resurrección, y así te lo pedimos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Aquí están sobre el altar
tus propios dones de pan y vino.
Tócalos con el poder de tu Santo Espíritu
y transformarlos en el cuerpo y sangre de Cristo,
nuestro hermano y Salvador,
para que participemos de su victoria
sobre el sufrimiento, la enfermedad y la muerte.
Te lo pedimos en el nombre
de aquél que vino a elevarnos
a una vida más alta y sublime,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de misericordia y compasión:
Concédenos participar del poder sanador
de tu Hijo Jesucristo.
Danos un espíritu de penitencia y de oración
para hacernos humildes y fuertes;
y sobre todo danos un sentido de fe profunda,
para que podamos hacer grandes cosas
creyendo en tu Hijo Jesús.
Y que experimentemos,
activo y eficaz en nosotros,
su poder de levantar a la gente
de sus miserias y desamparo.
Te lo pedimos por medio del mismo Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Tocar con cariño a los hermanos, tomarles de la mano, librarlos de su aislamiento y levantarlos de su tristeza y desesperación… es también nuestra tarea, si queremos continuar el trabajo y la misión de Jesús. Para poder realizarlo, contemos con la bendición del Señor.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

Sábado, 19 de mayo de 2018

DEDICADOS AL EVANGELIO
(Hch 28,16-20. 30-31; Jn 21,20-25)

Introducción
Los libros que han sido nuestros principales compañeros a través del tiempo de Pascua (Hechos de los Apóstoles y evangelio de San Juan) acaban con el testimonio comprometido y entusiasta de la Buena Noticia de Jesús: Pablo en cautividad, y Pedro, cuyo martirio se predice, y Juan, el apóstol querido, que nos ha dado en su evangelio un verdadero testimonio de Jesús.
¿Qué testimonio damos nosotros de Jesús? ¿Muestra nuestro estilo de vida, nuestra manera de vivir, que de verdad creemos en él y que le amamos?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Como María, las mujeres y los apóstoles
en la víspera del primer Pentecostés,
también nosotros estamos reunidos en oración.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros,
para que seamos creyentes entusiastas
y testigos fieles de la persona
y del Evangelio de Jesús.
Que nuestra manera de vivir dé testimonio claro
de que Jesús es nuestra luz y nuestra vida,
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que la misterio de Pentecostés sea para la Iglesia, no algo que ocurrió en el pasado, sino una repetida renovación en el perdón, en la vida y en el amor de Cristo, roguemos al Señor.
Para que, por el poder del Espíritu Santo, seamos fieles a nuestra fe y a nuestro compromiso por todo lo que Jesús nos enseñó, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo siga re-creándonos de nuevo en el amor a Dios y en el amor a los hermanos, roguemos insistentemente al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro, amoroso y fiel:
En estos signos de pan y vino
queremos celebrar la memoria
de Jesús, nuestro Señor y Salvador.
Por el poder del Espíritu Santo,
haznos un solo corazón y una sola alma en él.
Que nuestro amor, preocupación y cuidado
de los unos por los otros
exprese una fe fuerte
en la persona y en el mensaje de Jesús
y den testimonio de que él vive en medio de nosotros
y de que estamos unidos
en el mismo Jesús, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En esta eucaristía Jesús nos ha alimentado
con su palabra y con su cuerpo.
Permítenos ir con él y tras él
en el viaje de nuestra vida,
fuertes y confiados por medio del Espíritu Santo,
para que sepamos construir tu reino
de amor y justicia,
y para que alcancemos nuestro destino
de felicidad sin fin.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Que la Iglesia sea como un libro abierto en el que la gente pueda leer la palabra de Dios. Que el Señor esté en nuestros corazones y en nuestros labios, para que podamos proclamar dignamente su evangelio.
Para ello que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

miércoles, 16 de mayo de 2018

¡HAY ALEGRÍA EN DAR Y EN SER UNO!
(Hch 20,28-36; Jn 17,11-19)

Introducción
Una de las canciones más cantadas en la Iglesia hoy en inglés dice, “There´s joy in giving” (“Hay alegría en dar”). En su discurso de despedida, Jesús dijo a sus apóstoles que quería compartir con ellos al máximo su alegría. – Y Pablo, hablando por propia experiencia, dice que hay más felicidad en dar que en recibir. El Señor y los apóstoles se entregaron sin reserva alguna a los otros. ¿En qué medida podemos hacer eso también nosotros?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús se dio totalmente a sí mismo
a los que amaba -es decir, a todos.
Danos un poco de ese amor generoso
para que nosotros también aprendamos por experiencia
que sentimos mayor alegría al darnos a nosotros mismos
que al recibir honores o favores.
Que, además, el Espíritu Santo
de tal forma nos haga sentirnos uno
que compartamos generosamente unos con otros
nuestras riquezas y dones
recibidos de Dios como personas.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Oh Dios y Padre nuestro, que nos amas a todos en Jesús tu Hijo: para que el Espíritu Santo nos una como personas que nos aceptemos y nos amemos profundamente unas a otras, te rogamos:
Oh Dios y Padre nuestro, para que en tu Hijo Jesús reúnas a todas las Iglesias que le proclaman como su Señor y Salvador, te rogamos:
Oh Dios, para que el Espíritu Santo nos conceda una actitud de total aceptación y aprecio mutuo de todos los miembros de nuestras comunidades cristianas, te rogamos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús era cercano a la gente
como lo es ahora íntimo tuyo en la eucaristía.
Danos su Espíritu
para que nosotros también nos hagamos cercanos
a los que nos has confiado,
plenamente atentos y comprensivos,
sin llamar la atención sobre nosotros mismos,
sino sobre aquél que está en medio de nosotros
y que nos hace a todos uno
respetando nuestra diversidad,
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de bondad:
Estamos convencidos que no es motivo de vergüenza
ser humano y sensible para con los demás.
Así fue tu Hijo; ojalá seamos también así nosotros.
Danos una profunda simpatía por los hermanos
para que les escuchemos,
aprendamos a comprenderlos
y a tomarlos tal como ellos son,
como tu Hijo nos toma a nosotros tal como somos
para alzarnos sobre nosotros mismos
y para llevarnos a ti,
que eres nuestro Dios por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El salmo 133 dice, “Vean: ¡Qué bueno, qué grato convivir los hermanos (y hermanas) unidos!”. Jesús rogó para que nosotros pudiéramos convivir así. ¿Podemos hacerlo? ¿Lo queremos y estamos dispuestos? Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de llegar a ser y a formar todos un solo corazón y una sola alma.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

Viernes, 11 de mayo de 2018

LA PRUEBA DEL SUFRIMIENTO Y DE LA RENOVACIÓN
(Hch 18,9-18; Jn 16,20-23)

Introducción
Jesús estaba a punto de pasar, a través de su pasión y muerte, hacia la alegría de su resurrección. En él nacería, desde sus sufrimientos, una nueva vida, gloriosa y resucitada. Los discípulos tendrían que pasar por el dolor de la separación de Jesús, y así apareció en ellos la duda e incertidumbre de su fe --como enseguida sería violentamente probada durante la pasión--.
Pero la crisis y el dolor dio paso a un nuevo alumbramiento: una fe renovada y una nueva presencia del Señor. --- De esa misma manera, la Iglesia debe pasar constantemente por el parto doloroso de la renovación, por el repetido retorno a Cristo y al centro de su evangelio, para así representar más auténticamente a Cristo ante el mundo de hoy. El dolor es un parto, un alumbramiento, que abre el camino a una nueva vida y alegría.

Oración Colecta
Señor Dios, Padre misericordioso:
Es difícil para nosotros aceptar el dolor,
porque sabemos que, por el contrario,
nos has hecho para la felicidad y la alegría.
Cuando el sufrimiento nos desafía
con un provocativo “¿por qué yo; por qué a mí?”,
ayúdanos a descubrir la profundidad
de nuestra libertad interior y nuestro amor
y toda la fe y lealtad
de que somos capaces,
con el poder del Señor, y juntamente con él,
Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que el Espíritu Santo nos otorgue paz y serenidad en tiempos de dolor y de prueba, ya que Dios nos ha hecho para la alegría y la felicidad, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y fortaleza para que el sufrimiento y la contradicción nos ayuden a crecer en la imagen y semejanza de Cristo Jesús, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos guarde bien anclados en la fe y en la alegría, cuando andemos a tientas en la oscuridad de la incomprensión y de la soledad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
En esta eucaristía participamos
en la muerte y resurrección salvadoras
de nuestro Señor Jesucristo.
Danos a tu Hijo como nuestro pan de vida,
para que por la fuerza de su Espíritu
afrontemos el dolor y el sufrimiento
con nuevo talante, sin rebeldía ni rechazo.
Que sean para nosotros también
como el dolor liberador del alumbramiento
de una nueva vida y de una alegría renovada,
que durará por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre siempre fiel:
Tú no nos pides lo imposible
y nosotros sabemos que nos amas.
Ayúdanos a aceptar las realidades de la vida
y las exigencias de lealtad y amor
con la fuerza de tu Hijo.
Danos valor para no rechazar
los dolores de la renovación
según Cristo y su evangelio,
para que nuestros corazones
estén llenos de una alegría
que nunca nadie nos pueda arrebatar,
ya que tu Hijo es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Jesús nos asegura que cualquier cosa que pidamos al Padre en su nombre nos la concederá. Si tuviéramos suficiente fe, nunca dudaríamos o estaríamos preocupados.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

Jueves, 10 de mayo de 2018

SU TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN GOZO
(Hch 18,1-8; Jn 16,16-20)

Introducción
Mucha gente se lamenta de que no siente la presencia de Dios, especialmente en momentos de gran tristeza y aflicción. Con ocasión de la muerte de una persona querida uno oye con frecuencia: “¿Dónde está Dios ahora? ¡Nos ha abandonado!” Este era un pensamiento que muchos judíos expresaban durante el “Shoah” (holocausto, literalmente “destrucción”). Sin embargo algunos se aferraban tenazmente a Dios, diciendo que fue Dios mismo quien sufrió allí a manos del pueblo.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Cuando sufrimos profundamente
tendemos a clamar:
“Dios mío, ¿dónde estás?”
Danos a nosotros, como a pueblo que cree
que tu Hijo murió por nosotros
y por tu poder resucitó de entre los muertos,
una fe suficientemente profunda y firme
para comprender que tú estás con nosotros
incluso en las dificultades y aflicciones de la vida,
y hasta en la misma muerte.
Danos esta fe por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los responsables de nuestra tierra, por los gobernantes de las naciones, para que el Espíritu Santo les guíe para que respeten el trabajo de la creación de Dios, roguemos al Señor.
Por los enfermos terminales y por los agonizantes, para que su esperanza en la resurrección les dé la seguridad de que Dios les concederá la vida eterna, roguemos al Señor.
Por todos los que sufren, para que tengan conciencia de que Dios conoce y les da fuerza en su sufrimiento, y de que el Espíritu Santo puede convertir su pena en fortaleza y alegría, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro de vida y amor:
Cuando el pueblo que elegiste e hiciste tuyo
marchaba a través del inhóspito desierto,
tú estabas allí con ellos
y les diste el maná para comer.
Líbranos de quejarnos y de murmurar
cuando las dificultades de la vida
se cruzan en nuestro camino.
En nuestros desiertos,
susténtanos con el maná de hoy,
el cuerpo y la sangre de tu Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
No lo tomes a mal, cuando clamamos a ti
en los desiertos de nuestras penas y soledades.
Sigue fortaleciéndonos con el alimento reconfortante
y con la bebida de alegría de Jesús.
Y haz que percibamos también tu presencia
en la gente buena que nos rodea,
en sus palabras de consuelo y esperanza.
Danos la certeza de que tú nos conduces firmemente
hacia una alegría y una felicidad sin fin.
Concédenos esto por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Como cristianos, estamos de camino en nuestra peregrinación hacia Dios. A veces caminamos en la oscuridad, aun cuando hagamos lo mejor que podamos para hacer del camino de Cristo nuestro propio camino. Pero confiamos que Dios nos dará su Espíritu para mantenernos en marcha y para guiarnos hacia nuestra meta en la vida.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

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