Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 15ª TO - San Lorenzo de Brindis, Presbítero y Doctor de la Iglesia)

Mateo 12,1-8
«En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.» Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»
Palabra de Dios...

Señor, ayúdanos a ser misericordiosos, como Tú. Que demos testimonio con obras y no con palabras ni ademanes. Que nos mueva el amor, antes que el prestigio, la fama y ni siquiera la gratitud.

Meditación
“Misericordia quiero y no sacrificio” es la clave del mensaje de hoy. ¿Qué quiere decirnos el Señor? Quizás que no estemos tan apegados a las leyes y el cumplimiento de las normas, que por encima de ellas está el bien del hombre. No podemos supeditar hacer el bien a una prescripción, a una costumbre, a una ley o una norma. Menos aún podemos relegar a nuestros hermanos en nombre de Dios; Él mismo nos lo dice. Antes que nada ha de estar el alivio al necesitado, la compasión, la solidaridad.

Qué sutiles pueden ser estas palabras, si nos ponemos a analizar en profundidad. Incluso podemos llegar al extremo de afirmar que el Señor prefiere que nos conmovamos y actuemos, antes de estar abocados todo el tiempo a la oración, a la reflexión o a la meditación, sobre todo si estas nos llevan al aislamiento. Todo esto es seguramente importante, pero no tiene sentido si no ordenamos nuestra vida de tal modo que esté dedicada al servicio y al amor de nuestros hermanos. La oración, la piedad no puede llevarnos a la exclusión… Todo lo contrario. Si queremos el bien para nuestros hermanos, no podemos menos que ponernos a trabajar por él, sin importar el tiempo y lugar. No hay mejor hora ni mejor lugar cuando se quiere hacer el bien.

Ojo con lo que nos dice el Señor, haciendo una cita del Antiguo testamento. No es sólo que pone un orden, sino que va más allá. No quiere los sacrificios. No están en segundo lugar, no; simplemente no los quiere. Lo que quiere es MISERICORDIA. He ahí el tema en el que debemos reflexionar el día de hoy. ¿En qué consiste la misericordia? ¿Qué es la misericordia?

Misericordia es la disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas, es decir, hacer nuestro el sufrimiento del hermano. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es más que un sentido de simpatía, es una práctica.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Viernes 14° TO - San Camilo de Lelis)

Mateo 10,16-23
«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
«Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.»
Palabra de Dios...

Jesús, dame la generosidad para dejarme a mí mismo y dedicar más tiempo a la misión.

Meditación
El Evangelio es muy claro. La Misión es exigente y encontrará oposición. Debemos estar preparados. El Señor nos da la pauta.

1. Vamos como ovejas en medio de lobos. Es decir, no es nada fácil. Se requiere de mucho valor. Los lobos nos estarán rondando, siempre al acecho. No debemos descuidarnos. Nos advierte del peligro que habremos de enfrentar, de las dificultades y el ambiente adverso que habremos de encontrar.

2. ¿Cómo debemos ser? ¿Cómo debemos comportarnos? Prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas. Sabemos lo que enfrentamos… No caigamos como ingenuos a la primera. Tomemos nuestras precauciones. El perfil bajo, es recomendable… No hacer aspavientos… Andar silenciosamente, andar con prudencia y sencillez.

3. Sin embargo, nos entregarán, nos maltratarán y azotarán. Nos enjuiciarán y condenarán. ¿Por qué es que andamos buscando que el seguimiento del Señor sea un lecho de rosas, si él mismo nos advierte de lo contrario? ¿Será por eso que muchos se alejan de la Misión encomendada por Cristo? ¡Hay que tener valor!

4. Pero el Señor no nos deja solos. El siempre está con nosotros, mucho más en el momento de aflicción, de persecución. Cuando tengamos que dar cuenta de la causa por la que nos persiguen, cuando tengamos que defendernos y proclamar a Jesús, en esas instancias el Espíritu de nuestro Padre hablará por nosotros. Por eso, no debemos preocuparnos.

5. Seremos odiados por Su nombre. Se enfrentarán padres, hermanos, hijos, familias… Y sólo nos salvaremos si perseveramos hasta el fin.

6. Finalmente, cuando nos persigan, salgamos de aquél lugar, huyamos a otro sitio. Ojo con esta indicación que es consecuente con el portador de la paz y el amor. No se trata de enfrentar y hacer la guerra. Hay que evitar la violencia, la agresión, la venganza. Así que cuidado con aquellos que proclaman la lucha armada. Se trata de cambiarlo y revolucionarlo todo por la vía del amor. Parece imposible, pero eso es lo que viene haciendo la Iglesia de Cristo desde hace más de 2 mil años y es lo que se nos ha encomendado.

Tal vez el Señor no nos pida el derramamiento de nuestra sangre... sin embargo, hemos de vivir nuestra vida cristiana con el radicalismo que nos lleve a la santidad, es decir a la perfección en el amor a Dios y al prójimo. La santidad no es pues sólo para unos cuantos privilegiados es una llamada para todos los bautizados. La santidad se puede alcanzar en medio de una vida normal, comprometida con los deberes familiares, profesionales, sociales, etc. Para ello, debemos comenzar viviendo nuestro deber con perfección, haciendo el esfuerzo por dar siempre lo mejor de nosotros mismos, sea que estudiemos, limpiemos la casa o llevemos una gran empresa. Caminar por la senda de la santidad implica también la coherencia de vida cristiana. El que es coherente lo es siempre, se mantiene fiel con aquello que sabe que es bueno y correcto: como la fidelidad a los valores más íntimos, a la fe, al amor de Jesucristo, a la voluntad de Dios. Superando las influencias de las personas y lugares, la vanidad, el miedo a lo que los otros puedan pensar o decir de nosotros y buscando agradar a Dios por encima de todo.

Reflexionemos: ¿Cuándo debemos buscar la santidad? Siempre. En casa, con la familia, con los amigos, en el trabajo, en la calle, cuando estamos solos, cuando estamos acompañados, cuando nos es fácil y cuando nos es difícil. ¿Por qué no nos decidimos por el camino de la santidad hoy mismo?

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 14° TO)

Mateo 10,1-7
«Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.»
Palabra de Dios...

Jesús, quiero colaborar contigo en la obra de la salvación. Hazme ver en dónde y cómo puedo trabajar más por ti.

Meditación
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús enviando a los doce apóstoles y nos señala sus nombres. Estos hombres son los que respondieron con generosidad a la llamada divina. Sin embargo, la misión no está reservada a los doce, se extiende a todos los cristianos. ¡En la Iglesia hay trabajo para todos! Cristo no se limita a enviar, da también reglas precisas de comportamiento. Nosotros también tenemos una guía de cómo actuar en los Mandamientos o en el sacramento de la Confesión donde Jesús habla a nuestra conciencia. Quien quiere ser apóstol, ha de estar atento a escuchar primero la voz de Dios en la oración. Este pasaje evangélico ha de despertar en todos la conciencia de que somos misioneros, que estamos llamados a preparar el camino a Cristo, con nuestras palabras y con el testimonio de vida. Lancémonos a ser misioneros allí donde la Providencia nos ha puesto, con generosidad y valentía, sirviendo al prójimo y sacando de la oración la fuerza para transmitir a Jesucristo. Ofrezcamos toda nuestra vida por la nueva evangelización.

Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre, nos convoca y luego nos envía a cumplir con una misión. Es muy clara. No equivocar el camino y buscar a las ovejas perdidas de Israel, proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Para ello el Señor nos enviste del poder necesario: expulsar demonios y curar.
Jesús siempre está ocupado haciendo el bien, de modo tal que a su alrededor no haya gente que sufra, ya sea por enfermedad, por tristeza, por causa de un mal espíritu o por carecer de lo necesario para poder vivir. Nos invita a nosotros a hacer lo mismo: ir por el mundo proclamando el Reino, acompañando las palabras con obras. El amor se enseña dando, obrando, actuando en forma oportuna. Una fe sin obras es una fe muerta.

Señor, danos la capacidad de amar por donde vamos; de anunciarte con nuestro actos, con nuestro ejemplo. Oriéntanos, guíanos, para que no nos desviemos del camino que tu nos ordenas seguir. Ayúdanos a servirte fielmente, más aun cuando más desalentados nos sentimos. No permitas que entremos por la puerta ancha, que busquemos justificarnos exigiéndonos lo menos posible; muy por el contrario, que nos esforcemos por hacer lo que debemos en todo tiempo y lugar.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 13ª TO - Santa María Goretti, Virgen y Mártir)

Mateo 9,1-8
«Subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: 'Tus pecados te son perdonados', o decir: 'Levántate y anda'? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: 'Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres».
Palabra de Dios...

Señor, estoy dispuesto a dejarme sanar por Ti, creo que tienes el poder para cambiarme por dentro, cúrame Jesús.

Meditación
El paralítico no podría haberse encontrado con Cristo si no hubiera habido otros que le llevaran en la camilla. Es siempre hermoso poder contar con personas que nos acercan a Jesús con el ejemplo de sus buenas obras; es reconfortante que otros recen por nosotros e intercedan por nosotros ante Dios. ¿Nos damos cuenta de que nuestra vida afecta a los demás? La santidad personal ayuda a otros a ser santos, la oración puede alcanzar grandes gracias, grandes milagros, grandes conversiones para muchos otros.

En esta meditación también podemos descubrirnos como paralíticos en el alma porque todos tenemos necesidad de purificar nuestro corazón del pecado, que es una especie de parálisis espiritual. Preguntémosle a Jesús qué hay en nuestro corazón, qué es lo que quiere que purifiquemos. Sólo Él y su amor nos puede liberar de los malos hábitos y de nuestras faltas más personales, etc. Su misericordia es lo que nos levanta y nos hace reemprender el camino del bien con la fuerza de su gracia. Alimentémonos con la Eucaristía que es el sacramento del Dios que nos acompaña y no nos deja solos.

El Señor ve en nuestros corazones y sabe cuando realmente estamos arrepentidos. Para Él nuestras faltas no son extrañas y está dispuesto a sanar nuestra alma con la única condición del arrepentimiento sincero. ¿Cuántas veces nos presentamos ante Jesús con soberbia, como si lo mereciéramos todo? ¿Cuántas veces somos incapaces de reconocer nuestras faltas, de reconocer que somos pequeños, humildes, falibles…? Al Señor no podemos andarle con cuentos; Él ve nuestro corazón, Él ve nuestra alma…para el no hay secretos. Por eso debemos obrar siempre bien y caminar por el camino recto. De otro modo, cómo pedirle después ayuda para enmendar, para resolver, si no hemos sido capaces de obrar rectamente. ¿Por qué le pedimos a Él algo que ni nosotros hemos sido capaces de hacer por nosotros mismos?

El evangelio no puede dar cuenta del diálogo que muy anticipadamente se dio entre el paralítico y Jesús y que culmina con aquél «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Esto era lo que más le afligía al paralítico; le dolía el alma… Claro que quería caminar, pero se sentía culpable y no podía pedir tal gracia; se reconocía pecador. Por eso el Señor, compasivo le levanta la moral, le da ánimos y cura aquello que más le dolía: el alma.

Son los demás, que desconocían este profundo dialogo entablado entre el espíritu del paralítico y el de Jesús, que intervienen objetando las milagrosas palabras de Jesús, que no alcanzaban a comprender. El paralítico ya había sido curado, ya había sido sanado en lo más importante, sin embargo Jesús también iba a concederle la gracia de caminar, solo para hacer ver a los demás algo que el paralítico ya sabía, que tenía el poder de perdonar los pecados.

¿Lo creemos? El Señor es compasivo y tiene el poder para perdonar nuestros pecados y salvarnos. ¿Le creemos? Transmitir y dar a Cristo significa pasar haciendo el bien, como Él. Pero no basta hacer el bien de cualquier forma.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 12ª TO - San Ireneo, Obispo y Mártir)

Mateo 7,15-20
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis».
Palabra de Dios...

Señor, ayúdame a descubrir lo que me impide crecer más en el amor

Meditación
Descubriendo a los falsos profetas Jesús alerta sobre otro peligro con el que se pueden encontrar aquellos que quieren seguir el camino del Reino de Dios: los falsos profetas o falsos maestros que, con palabras y obras aparentemente buenas, querrán seducirlos y así desviarlos del camino verdadero.

¡Cuántas verdades a medias se manejan en nuestro mundo y en nuestra sociedad con toda tranquilidad, y avasallan tanto al ingenuo como al soberbio! Y hoy en tu Evangelio nos pides, Señor, ante todo esto, cautela. Pero veo que la cautela que quieres de mí no es la que repliega sus fuerzas, sino la que las aprovecha con sana astucia y rechaza, firmemente, involucrada en actividad contraria, a los falsos profetas. Hay que estar muy cerca de Ti, Jesucristo para descubrirlos y luego ser el árbol que da frutos buenos, y que entregados a la Iglesia, redunden en beneficio de tu Cuerpo Místico. Ser ese árbol bueno, o ir creciendo como árbol bueno, implica enraizarlo en Jesucristo y darle la savia de los sacramentos; dejarlo crecer en libertad, apoyado en la gracia del Espíritu Santo.

Vivamos unidos al Espíritu Santo. Él es el guía y el artífice de la santidad, es el que nos fortalece en nuestra debilidad, el que hace que nuestro apostolado llegue a ser fecundo y que podamos dar frutos para la vida eterna.

El Espíritu Santo debe ser la fuente y el origen de toda nuestra vida. Vivamos aquello que nos recomienda la Iglesia, estando abiertos a su acción, incrementando la fe y el amor a la tercera persona de la Santísima Trinidad. Así llegaremos a vivir con plenitud nuestra vocación cristiana en la vivencia práctica de la caridad.

Ubicación

  • Cra 7 # 15-26, Centro, Valledupar, Cesar
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  • 5743168 -5898614

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