Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 12ª TO - San Ireneo, Obispo y Mártir)

Mateo 7,15-20
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis».
Palabra de Dios...

Señor, ayúdame a descubrir lo que me impide crecer más en el amor

Meditación
Descubriendo a los falsos profetas Jesús alerta sobre otro peligro con el que se pueden encontrar aquellos que quieren seguir el camino del Reino de Dios: los falsos profetas o falsos maestros que, con palabras y obras aparentemente buenas, querrán seducirlos y así desviarlos del camino verdadero.

¡Cuántas verdades a medias se manejan en nuestro mundo y en nuestra sociedad con toda tranquilidad, y avasallan tanto al ingenuo como al soberbio! Y hoy en tu Evangelio nos pides, Señor, ante todo esto, cautela. Pero veo que la cautela que quieres de mí no es la que repliega sus fuerzas, sino la que las aprovecha con sana astucia y rechaza, firmemente, involucrada en actividad contraria, a los falsos profetas. Hay que estar muy cerca de Ti, Jesucristo para descubrirlos y luego ser el árbol que da frutos buenos, y que entregados a la Iglesia, redunden en beneficio de tu Cuerpo Místico. Ser ese árbol bueno, o ir creciendo como árbol bueno, implica enraizarlo en Jesucristo y darle la savia de los sacramentos; dejarlo crecer en libertad, apoyado en la gracia del Espíritu Santo.

Vivamos unidos al Espíritu Santo. Él es el guía y el artífice de la santidad, es el que nos fortalece en nuestra debilidad, el que hace que nuestro apostolado llegue a ser fecundo y que podamos dar frutos para la vida eterna.

El Espíritu Santo debe ser la fuente y el origen de toda nuestra vida. Vivamos aquello que nos recomienda la Iglesia, estando abiertos a su acción, incrementando la fe y el amor a la tercera persona de la Santísima Trinidad. Así llegaremos a vivir con plenitud nuestra vocación cristiana en la vivencia práctica de la caridad.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 12ª TO - San Cirilo de Alejandría, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Mateo 7,6.12-14
«No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen». «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas». «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».
Palabra de Dios...

*Jesús, dame tu gracia para descubrir la belleza de mi fe y poder seguirte, hoy, por la puerta estrecha".

Meditación
¿A qué se refiere Jesús cuando dice que no demos las cosas santas a los perros? Señala el don de nuestra libertad. Ésta es un tesoro incalculable, una perla preciosa, que sería muy triste arrojar a las bestias de los vicios, de las adicciones, de las pasiones o incluso de los defectos consentidos. La libertad encuentra su orientación en la fe en Cristo, se realiza plenamente cuando se empeña en el cumplimiento de la voluntad de Dios y se concreta en el servicio a los demás. Así se es realmente libre: cuando se ama a Dios y al prójimo. El ideal cristiano es alto: tratar a los demás como queremos que nos traten. Es hasta cierto punto normal que nuestro trato sea mejor hacia las personas más cercanas, que aquel que tenemos por los desconocidos. Es natural amar más a algunas personas con respecto a otras. Por eso el Evangelio nos invita a entrar por la puerta estrecha porque la caridad exige esfuerzo, negación de uno mismo, aceptación de la cruz; pero es también por medio de ello que nos acercamos al cielo.

Cada quien, según su estado y condición de vida, debe lograr realizar la vocación al amor. A nadie le puede faltar esa cita de amor a la cual Dios llama y para la cual hemos sido creados.

La palabra de Jesús, o mejor, Jesús mismo es la puerta que introduce en la vida filial y fraterna. ¿Te dejas guiar y atraer por la vía estrecha y exigente del evangelio? ¿Sigues más bien la vía ancha y fácil, que consiste en hacer lo que a uno le place o lo que conduce a satisfacer los propios deseos, y que pasa por alto las necesidades de los demás?

Nos podemos preguntar: "Señor, en mi vida diaria, ¿cuál es la puerta estrecha?"

Diócesis de Valledupar
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(Sábado 10ª TO)

Mateo 5,33-37
«Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: 'Sí, sí' 'no, no': que lo que pasa de aquí viene del Maligno».
Palabra de Dios...

Señor, dame la gracia de dar siempre un testimonio coherente de mi fe.

Meditación
"No perjurarás", el Señor no necesita nuestros juramentos para saber que vamos a cumplir. Él prefiere que nos esforcemos hasta lograr nuestro propósito, no importando las veces que caigamos. Él conoce mejor que nosotros mismos nuestro corazón, sabe que somos débiles, sabe que caeremos, pero también sabe que nos volveremos a levantar si lo que hacemos lo estamos haciendo por Él.

Jesucristo nos invita a ser sencillos, a decir “sí” o “no”, sin adornos o artificios. Un corazón sencillo se muestra como es, con naturalidad, sin complicaciones o rebuscamientos. El humilde deja de lado la presunción, la palabrería hueca y superficial. Sus palabras están llenas de franqueza y simplicidad. Preguntémonos ahora cómo son nuestras conversaciones, ¿están llenas de sinceridad, de sencillez, de limpieza? ¿Hay algo de fingimientos o deseos de aparentar? ¿Soy cristiano hasta en mi vocabulario? El Señor nos dice que no podemos hacer blanco o negro uno solo de nuestros cabellos. Con esto nos enseña que las cosas no se cambian a fuerza de sólo preocuparse. Si viviéramos más abandonados a la Providencia, más centrados en agradar sólo a Dios, buscando por encima de todo su Reino, podríamos sin duda, librarnos de muchas inquietudes o desasosiegos. Por último, profundicemos en el hecho de que el apostolado de los cristianos debe darse también con la palabra. Entre tantas voces que se oyen en este mundo debemos nosotros también hacer oír la nuestra y manifestar la alegría, el entusiasmo, las certezas y convicciones que emanan de nuestra fe.

También Él nos invita a confiarnos plenamente a su amor. No podemos cambiar nada de nuestro cuerpo, pero Él todo lo puede; en él todo dolor físico cambia, cobra todo su valor, ya no sufriremos sin sentido, ahora podemos unir nuestro sufrimiento al de Cristo en la cruz. ¿Por qué Dios no nos quita el sufrimiento? Tal vez porque nos ama tanto que quiere asociarnos más a su propio sufrimiento. Nosotros sufriendo tan pequeñitas cosas, en comparación con lo que Él sufrió por nosotros, le ayudamos a salvar a tantos hombres que no lo conocen o se han alejado de Él.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Viernes 10ª TO)

Mateo 5,27-32
«Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
«También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».
Palabra de Dios...

Señor, yo sé que Tú no quieres el mal de mi cuerpo, quieres el bien de mi alma, es decir, la santidad; ayúdame, si es Tu voluntad, a lograrlo.

Meditación
El Evangelio de hoy se sitúa dentro del sermón del monte del Evangelio de Mateo, podemos decir que la propuesta moral de Cristo en este Evangelio.

Es importante construir una relación basada en el amor, entender que debe haber un respeto mutuo, entendiéndose que todos somos diferentes en costumbres e ideas y que debemos siempre pensar en el equilibrio entre pareja para no llegar al adulterio u otras situaciones que perjudiquen la relación, siempre hay días de luz y de obscuridad, lo importante es subsistir y en caso de pecado, porque somos humanos y nadie está exento de tropezar, volver al Señor y pedir su ayuda, de esta forma no todo estará perdido, recordemos que el Señor vino a buscar a los pecadores deseosos de reconciliación. Ante mis debilidades y tentaciones en el matrimonio, relación de novios, de amigos, de hermanos ¿Busco mantenerme firme, con respeto, honestidad y responsabilidad con quién está a mi lado?, si cometo adulterio u otro pecado ¿Busco la reconciliación y el perdón del Señor, así como de a quién cause daño?

El Señor nos pide tener el corazón orientado hacia Él, que nuestros afectos, pensamientos, deseos, imaginación, memoria y todo ese mundo interior que sólo Dios conoce, esté iluminado por la gracia; que no se llene de egoísmo, de pensamientos centrados en uno mismo, en los propios problemas, deseos, gustos o “derechos”, etc. Preguntémonos ¿qué hay dentro de mi corazón? ¿Qué tengo yo que purificar en mi interior para hacerlo más agradable a Dios? Una forma práctica de mortificación interior es abnegarnos en nuestra imaginación, purificar la memoria, guardar la vista de aquellas imágenes o escenas que no nos ayuden a agradar a Dios o a vivir la caridad. ¡Si nos diéramos cuenta del cielo que nos espera, de lo que Dios tiene preparado para aquellos que le aman, romperíamos inmediatamente con cualquier pecado o imperfección, por muy pequeño que fuera, con tal de vivir dedicados a Dios! Contemplemos mucho a Cristo. Él vivió todo lo que enseñó de modo perfecto para darnos ejemplo y merecernos su gracia.

La gracia tiene necesidad de la naturaleza. Antes de ser santo hay que ser hombre y el Reino de Cristo no puede prescindir de la colaboración humana seria y responsable. Dios nos necesita formados integralmente para dar la batalla por la familia y por su Iglesia.

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 10ª TO)

Mateo 5,20-26
«Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano 'imbécil', será reo ante el Sanedrín; y el que le llame 'renegado', será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».
Palabra de Dios...

Señor, dame la gracia de saber perdonar y no juzgar.

Meditación
Jesús anuncia y pide una justicia superior a la de los escribas y fariseos, es decir, nos da un mandamiento mayor, que es el de la caridad. Este mandato de la caridad no es sino una invitación a imitar a Jesús. Pero en nuestro trato con los demás, podemos encontrar dificultades, roces, momentos de tensión. Por ello, hemos de buscar darle el primer lugar a la caridad antes que a la ira, al resentimiento, a la animadversión. Si se ha ofendido al otro, busquemos pedir perdón u otorgarlo. Jesús nos pide restablecer la armonía en las relaciones con los demás, hasta en los casos de contiendas o procedimientos legales.

En la ley de la caridad, no hay lugar a la ley del talión. Jesús nos pide la perfección en el amor. ¿Hasta dónde debemos llegar en la caridad? Cristo es quien nos pone la medida. Hasta dar la vida por los demás. ¿Estamos viviendo de esa manera? Nuestra misión como cristianos es hacer presente y real a Dios en este mundo. No a un Dios lejano, del temor, sino al Dios que nos ama y que se define como Amor.

Para vivir la caridad debemos dejar de lado el egoísmo. Acudir frecuentemente a la gracia de Dios, al ejemplo de Cristo, ayudarnos de la oración y de los sacramentos. Necesitamos además orar mucho y ser activos. Cuando se busca amar a Dios y el bien del prójimo, entonces la caridad se llena de iniciativa, de delicadeza y de ingenio.

No nos debemos limitar a no hacer el mal, a no hablar mal, etc. sino que hemos de procurar siempre hacer el mayor bien posible, hablar siempre bien de todos, recordemos que la benedicencia es un apostolado que debemos vivir diariamente. El que ama a Cristo reza, es activo y sale al paso de las necesidades de los demás. Busca los mejores y más eficaces medios para llevar a Cristo a los demás.
[6:39, 15/6/2017] Señora Mary: Junio 15 Santa Germana Cousin

«La santa pastora de Pibrac. Nuevo ejemplo de fe en la adversidad el que supo dar esta joven que vivió el cruel abandono de los suyos siendo humillada y destinada a vivir con los animales. Es otra doctora del perdón»

(ZENIT – Madrid).- Una de las múltiples tentaciones que se presentan en la vida espiritual es la tendencia a justificar acciones propias negativas amparándose en la deficiente conducta ajena. Un seguidor de Cristo no se escuda en las imperfecciones de otros, que pueden haber salpicado su vida, con el fin de eludir su responsabilidad, y echar por la borda la gracia que recibe para afrontar cualquier situación. Si Germana se hubiese dejado influir por las constantes hostilidades que provenían de su entorno no estaría en la gloria.

Esta santa «sin historia», como se la denomina, es otra de las doctoras en el modo admirable y heroico de asumir el anonadamiento espiritual y el perdón. Un ejemplo de vida oculta en Cristo. Pasó su existencia sin realce social ni intelectual. Deforme de nacimiento, despreciada, maltratada, abandonada de los suyos, humillada, y destinada a vivir con los animales, en ese calvario cotidiano, que llevada de su amor a Dios le ofrecía, se labró su morada eterna en el cielo. Y de eso se trata. Algunas pinceladas de su biografía se reconstruyeron en diciembre de 1644, casi medio siglo después de su muerte, cuando se abrió la tumba para enterrar a una parroquiana y hallaron su cuerpo incorrupto. Dos vecinos, que tenían ya cierta edad y habían sido contemporáneos de la joven, echaron mano de su memoria y dieron pistas para identificarla.

Había nacido en Pibrac, Francia, hacia 1579 porque se piensa que falleció en 1601 cuando tenía 22 años. Su deceso se produjo en completa soledad, como había vivido, en el establo y sobre un camastro de rudos sarmientos, acompañada del ganado que custodiaba. Era hija de Laurent Cousin, quien al enviudar de la madre de Germana, Marie Laroche, que murió cuando aquélla tenía unos 5 años, contrajo matrimonio –era el cuarto para él– con Armande Rajols. Y ésta fue una auténtica madrastra para la pequeña; no tuvo ni un ápice de compasión con la niña. Germana había nacido con una pésima salud. Padecía escrófula y presentaba evidente deformidad en una de sus manos.

Ante la pasividad de su padre, Armande la maltrató cruelmente ideando formas despiadadas para infligirle el mayor daño posible. Al final, la separó de su hogar, le vetó el acceso a sus hijos y la destinó al cuidado de las ovejas con las que conviviría hasta el final. Tenía 9 años cuando comenzaron a enviarla a pastorear en la montaña, seguramente con la idea de ir borrando el recuerdo de su existencia, o hacerla desaparecer bajo las fauces de los lobos. Arrinconada, considerada una nulidad para cualquier acción por sencilla que fuera, Germana tuvo dos ángeles tutelares: una iletrada sirvienta de su familia, Juana Aubian, y el párroco de la localidad, Guillermo Carné. La primera volcó en ella sus entrañas de piedad hasta donde le fue posible ya que, en cuanto vieron que podía medio valerse por sí misma, la enviaron al establo. El excelso patrimonio que Juana le legó fue hablarle del Dios misericordioso. A su vez el sacerdote, hombre sin duda virtuoso y clarividente, juzgó que se hallaba ante una elegida del cielo por los signos que apreciaba en ella: bondad, espíritu de mansedumbre, y una inocencia evangélica tal que infundía una alegría ciertamente sobrenatural.

La mísera ración de comida, mendrugos de pan que le echaban a cierta distancia en prevención de un eventual contagio, la compartía con los indigentes. Ni siquiera esta muestra de compasión consintió la madrastra, y un día la persiguió para darle público escarmiento. Cuando en presencia del vecindario le arrebató violentamente el delantal donde guardaba su esquilmada provisión para los pobres, quedó impactada por el prodigio que se obró en ese mismo instante. Todos vieron cómo se desprendía del modesto mandil una cascada de flores silvestres bellísimas en una estación impropia para su nacimiento y en un entorno en el que no solían brotar, anegando el suelo con sus brillantes colores.

Laurent despertó un día de su cobarde letargo y ofreció a Germana volver al hogar. La joven agradeció la invitación paterna, pero eligió seguir en el cobertizo. Oraba cotidianamente por la conversión de Armande, que no terminó de conquistar esta gracia hasta poco antes de morir. El párroco acogió a la santa como catequista de los niños que entendían maravillosamente las verdades de la fe a través de los ejemplos que ponía. Era asidua a la misa, rezaba el rosario y no podía evitar que fueran haciéndose extensivos los hechos milagrosos obrados a través de ella, y que ya en vida le dieron fama de santidad. Uno de estos se produjo nada más morir el 15 de junio de 1601, y fue contemplado por varios religiosos que se hallaban de paso en Pibrac. Vieron doce formas blancas que se elevaban hacia el cielo dando escolta a una joven vestida de blanco; llevaba la frente ceñida con una corona de flores. Al descubrir que había fallecido, todos supusieron que era Germana que entraba en la eternidad.

Fue enterrada en la iglesia, lugar en el que siguieron multiplicándose los milagros. Los partidarios de la Revolución intentaron destruir sus restos echándoles cal viva. Pero en el siglo XVIII volvieron a hallar su cuerpo incorrupto. Pío IX la beatificó el 7 de mayo de 1854, y la canonizó el 29 de junio de 1867.

Ubicación

  • Cra 7 # 15-26, Centro, Valledupar, Cesar
  • Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    
  • 5743168 -5898614

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