Viernes, 11 de mayo de 2018

LA PRUEBA DEL SUFRIMIENTO Y DE LA RENOVACIÓN
(Hch 18,9-18; Jn 16,20-23)

Introducción
Jesús estaba a punto de pasar, a través de su pasión y muerte, hacia la alegría de su resurrección. En él nacería, desde sus sufrimientos, una nueva vida, gloriosa y resucitada. Los discípulos tendrían que pasar por el dolor de la separación de Jesús, y así apareció en ellos la duda e incertidumbre de su fe --como enseguida sería violentamente probada durante la pasión--.
Pero la crisis y el dolor dio paso a un nuevo alumbramiento: una fe renovada y una nueva presencia del Señor. --- De esa misma manera, la Iglesia debe pasar constantemente por el parto doloroso de la renovación, por el repetido retorno a Cristo y al centro de su evangelio, para así representar más auténticamente a Cristo ante el mundo de hoy. El dolor es un parto, un alumbramiento, que abre el camino a una nueva vida y alegría.

Oración Colecta
Señor Dios, Padre misericordioso:
Es difícil para nosotros aceptar el dolor,
porque sabemos que, por el contrario,
nos has hecho para la felicidad y la alegría.
Cuando el sufrimiento nos desafía
con un provocativo “¿por qué yo; por qué a mí?”,
ayúdanos a descubrir la profundidad
de nuestra libertad interior y nuestro amor
y toda la fe y lealtad
de que somos capaces,
con el poder del Señor, y juntamente con él,
Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que el Espíritu Santo nos otorgue paz y serenidad en tiempos de dolor y de prueba, ya que Dios nos ha hecho para la alegría y la felicidad, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y fortaleza para que el sufrimiento y la contradicción nos ayuden a crecer en la imagen y semejanza de Cristo Jesús, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos guarde bien anclados en la fe y en la alegría, cuando andemos a tientas en la oscuridad de la incomprensión y de la soledad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
En esta eucaristía participamos
en la muerte y resurrección salvadoras
de nuestro Señor Jesucristo.
Danos a tu Hijo como nuestro pan de vida,
para que por la fuerza de su Espíritu
afrontemos el dolor y el sufrimiento
con nuevo talante, sin rebeldía ni rechazo.
Que sean para nosotros también
como el dolor liberador del alumbramiento
de una nueva vida y de una alegría renovada,
que durará por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre siempre fiel:
Tú no nos pides lo imposible
y nosotros sabemos que nos amas.
Ayúdanos a aceptar las realidades de la vida
y las exigencias de lealtad y amor
con la fuerza de tu Hijo.
Danos valor para no rechazar
los dolores de la renovación
según Cristo y su evangelio,
para que nuestros corazones
estén llenos de una alegría
que nunca nadie nos pueda arrebatar,
ya que tu Hijo es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Jesús nos asegura que cualquier cosa que pidamos al Padre en su nombre nos la concederá. Si tuviéramos suficiente fe, nunca dudaríamos o estaríamos preocupados.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Fuente: ciudadredonda

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