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Se fue y nos dejó con todo preparado, bien nos lo dijo un día: “no cumpliré los 100 años” y así fue, de un momento a otro se fue opacando su vida como el sol al atardecer. Solo nos queda dar gracias al Altísimo por habérnoslo prestado por tanto tiempo y haber entregado toda su vida al servicio de Cristo en la Diócesis de Valledupar. Teníamos preparado entrevistas, videos, actos de reconocimiento y otras sorpresas, pero la sorpresa mayor nos la dio él. Por eso queremos dar a conocer algunos apartes de este material.

El Padre Alfonso Aragón nació en Cardonalito, un corregimiento de Fonseca, el 4 de diciembre de 1917 y nos contó cómo fue gran parte de su vida, nos dijo: “me alimentaba de leche de vaca y de cabra, de día de vaca y de noche yo me metía con mi hermana al rebaño de cabras y nos las mamábamos con yuca asada. Éramos cinco hermanos, dos mujeres y tres varones, el mayor de los hermanos “soy yo”. Quedamos vivos Alicia y mi persona, mi hermana está en Chiriguaná y tiene 96 años.

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Estudié la primaria en la Escuela Pública de Fonseca. El maestro que más recuerdo en mi vida de estudiante fue el profesor Guillermo Araujo porque fue quien más se interesó por mi vida cristiana. El bachillerato lo hice en el seminario de la sierrita, corregimiento de San Juan del Cesar, que era dirigido por los Padres Capuchinos, y otra parte en España entre 1935 y 1936, época en que exploto la guerra civil española que me tocó vivirla y ser testigo de los mártires de San juan de Dios, los vi como los paraban para fusilar y otros para crucificar. ¿Saben cómo me salve? Me embarcaron (unos laicos de la parroquia donde estábamos refugiados) en un tren con 2 religiosas carmelitas hacia Barcelona para poder regresar a Colombia, yo salí muy asustado para hacer este viaje de Madrid a Barcelona ¿saben porque? Porque yo era un jovencito tan solo de 20 años. En cada estación nos paraban los soldados comunistas y nos revisaban; si nos llegaban a encontrar un crucifijo o mi cuello sacerdotal deberíamos ser fusilados al instante; pero una dama española alta muy elegante no permitía que requisaran nuestras maletas, ella siempre decía que nosotros veníamos con ella y nos defendía. Al llegar a Barcelona nos dirigimos al cónsul de Colombia y nos sentimos seguros. Un dato curioso, el Cónsul le dio por revisar nuestras maletas y vio que llevábamos nuestros hábitos y nos insultó diciéndonos ¡Brutos! cómo se les ocurrió venirse con sus pertenencias y allí mismo nos las decomiso porque aún faltaban los soldados comunistas de los barcos y hasta el día de hoy nunca supe de las monjas ni de mi maleta; se dice que se quemaron. Bien… en esa época se iba a España en barco la travesía duraba 29 días, saliendo de Puerto Colombia y haciendo escala en Puerto Rico.

Cuento un poco de mi misión en Chiriguaná donde dure 25 años. Allí construí el templo de NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHINQUINQUIRA, yo mismo ayudé a colocar ladrillos y hacer la mezcla.

Una anécdota muy importante: yo me escribía con la madre Laura Montoya, porque supe de su carisma misionero y educativo, las quería traer para que me apoyaran en esta nueva etapa de evangelización que estaba haciendo en Chiriguaná. La madre Laura en la primera carta de petición que le hice me las negó! porque no conocía estas tierras, y no quería arriesgarse a enviar a sus hijas desde tan lejos. Yo decidí volverle a escribir otra carta de petición y a los 3 meses recibí la respuesta de ella, llegaron 3 religiosas con una carta de la madre Laura; lo que recuerdo de esta carta es : “Reverendo padre, Alfonso, usted es un hombre muy cómico pero sediento de la evangelización” Allí empecé mi experiencia con las hermanas misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena (Lauritas). Las monjas Lauritas evangelizaban en Chiriguaná; dos se dedicaban a misionar y una a la educación, cuando no estaban en los corregimientos y caseríos, misionaban en el pueblo, iban de casa en casa, y la jefa de esas misioneras era una monja que se llamaba María Ambrosina, mujer como esa monja no la he visto en ninguna parte, era una mujer dulce, buena que traía paz, hasta al demonio, extraordinaria y, ¿sabe qué? esa monja era viuda.

Les conseguí el colegio de nuestra Señora de Chiquinquirá que bendijo Monseñor Vicente Roig y Villalba quien también puso la primera piedra. En este colegio el que tenía pagaba y el que no tenía no pagaba, pues a NADIE SE RECHAZABA. Yo les conseguí a las monjas Lauritas con la Gobernación del Magdalena un auxilio mensual. Estaban bien hasta cuando se fueron porque no les brindaron apoyo. ¡uy! Cuando yo voy a Chiriguaná y veo el colegio me da a mí una… yo no sé si me da alegría o me dan ganas de llorar, ¡porque con sudores! y con mucho esfuerzo se hizo ese colegio, todo lo que tiene se lo hice yo, todas esas piedras con cal las fabrique yo, todo, todo, todo. Y el municipio de adueño de el.

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Al hospital yo le puse el nombre; el hospital fue de un auxilio que le llamaban en esa época, auxilio parlamentario, allá estaba la señora del Doctor Robertico, quien tenía un primo hermano en la cámara, él era de un pueblo del departamento del Bolívar y no pertenecía al Cesar. Ella era de Chiriguaná y vivían ahí en Chiriguaná. Le pidió una plática para el hospital, y sabe que hizo ese tip? le metió todo lo que le correspondía del auxilio parlamentario al hospital y con eso hicieron el hospital, le metió todo, sin ser de Chiriguaná. Y el nombre que le puse es San Andrés, y todo el mundo decía pero ¿porque San Andrés?, porque ese señor se llamaba Andrés Villanueva Amaris, el de la plata. Yo fui y lo bendije estuvo en esta bendición el Ministro de Salud.

Chiriguaná muy difícil, muy difícil. Me correspondía Curumaní, San Sebastián, San Roque, Santa Isabel, la Sierrita, Rincón Hondo, Poponte, Las Palmitas, Arenas Blancas, La Aurora, La Loma, Potrerillo, El Pasó y el vallito, y ¿sabe en qué iba? a lomo de mula, ¿cada cuanto venía a visitar al Obispo en Valledupar? era muy difícil, yo tuve necesidad de un producto que lo había acá en Valledupar, en un invierno y fleté una avioneta de Chiriguaná a Valledupar, Valledupar a Chiriguaná, (risas) bueno, me dice un compadre en Chiriguaná, Padre: por qué no se acerca donde Oscarito Pupo, él era el del concesionario de Leónidas Lara, pues el vendía los carros de marca y le dice que digo yo, que si me entrega una camioneta, que después acá arreglamos los papeles y todo (risas), fui donde Oscarito y me dice: ¡aquí están las llaves! Ahí hay una como la pide el señor; ¡llévesela!, sin formar ni un papel ni un carajo. Despaché yo mi avioneta con el producto que compre, y vamos que agarro esa camioneta, tres días de Valledupar a Chiriguaná!, en la camioneta; ¿tres días? porque en el caño de las Animas se hacía un pantano muy espeso. Se presentó un buldócer de un amigo mío, me dijo: padre vamos, me cogió con una guaya y me paso del otro lado jalao!, porque ese caño en invierno se llenaba y podía aguantar hasta un mes un carro ahí, pues no había pase, era terrible, muy duro porque imagínese visitar todos esos pueblos a lomo de mula. En Chiriguaná casi que ni conocían los carros, ¡no había carro!

¿Cada cuánto iba el Obispo Roig y Villalba a los sacramentos? Yo recuerdo que hizo una visita pastoral a lomo de mula (Risas) porque aprovechó un verano y por la trocha, porque de aquí allá había era una trocha, no había un solo puente, en ningún caño, hizo la visita pastoral a lomo de mula. ¿Cuánto se demoraba?, como 8 días, una vez se me enfermo en Las Palmitas, en la tierra del sacerdote, Carlos Imbrecht, bueno se me enfermo ahí y estuvo varios días enfermo en Chiriguaná, y le lleve al médico “Robertico” en Chiriguaná si no hubiera sido por ese médico ahí se muriera todo mundo, ese hombre tiene que estar en la gloria, ese hombre se fue con todo y zapatos, ¡médico como ese no vuelve a nacer!, mira: él visitaba los enfermos a caballo, a veces, lo llamaban a uno con frecuencia a media noche, en la madrugada a cualquier hora. Llegaba yo, y ya estaba el medico Robertico ahí, ¿sabes cuánto le pagaban? ¡Nada!, una vez tenía diez personas mordidas de culebra en el hospital, los salvo a todos diez, estaba yo enfermo en esos días y entonces lo vi que estaba contando unos billeticos, ajá Rober, le dije, y me contesto: solo me pagó uno de los patrones de los mordidos de culebra. Ese hombre tenía un buen corazón, el doctor Robertico se graduó y se quedó ahí. Lo invitaron una vez para Medellín los amigos, y dijo: “nada yo voy a servir a mi pueblo”, ese hombre tenía un corazón generoso, esos médicos ya no los hay.

Al terminar mis servicios pastorales en Chiriguaná, Monseñor Roig y Villalba me mando para Valledupar como párroco de la Concepción y Vicario General de él. Luego me mandaron para Villanueva y cuando estaba organizando todo para irme, escuche por radio que el único padre que querían era al que estaba en Villanueva. Y le dije a monseñor, no voy para Villanueva y me dijo: “! Por qué!” yo le pregunte, Monseñor usted no escucha radio? “si, pero eso son cosas de la gente… bueno y ahora ¿para dónde quieres ir?” le conteste: Monseñor para que vea que no estoy pendiente a preventas…mándeme para la Juaga de Ibirico, era un corregimiento de Chiriguaná. Pero me tienen que dar para la comida, porque en ese tiempo no producía para alimentar al párroco. Yo recuerdo que en ese tiempo no permitían la explotación de la mina, fue hasta en la década de los ochentas que el presidente Belisario Betancourt, autorizo la explotación de la mina, pero solo a pico y pala, no se podía con maquinaria.

El templo de la jagua lo encontré en obra negra y logre ponerle piso y empañetarlo. Por último, Monseñor José Agustín Valbuena me saca de la Jagua y me trae para la Catedral donde fui canciller y secretario del Obispo, en este tiempo la catedral no era parroquia era solo la Sede del obispo; pero yo me encargaba de celebrar las eucaristías. Durante este tiempo también hice misión en la serranía del Perijá fundamentalmente en socorpa…”

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Padre Alfonso, gracias por su vida y su ministerio. Descanse en paz.

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  • Cra 7 # 15-26, Centro, Valledupar, Cesar
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