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TRAYECTORIA DE UNA VIDA FECUNDA
Los dotes excepcionales que lo adornaban como sacerdote y el dominio natural de las relaciones humanas en el trato con campesinos y hombres de la ciudad las puso en juego en Totana, en donde se estrenó como sacerdote encargado de la ermita de San Roque, enclavada en los suburbios de la ciudad. Pero sus anhelos e ideales por los que él vibraba eran muy otros. El quería ser sacerdote y apóstol, sí, pero de onda larga. Al primer llamamiento que hicieron los superiores solicitaron personal misionero para la Guajira Sierra Nevada y Motilones, dio incondicionalmente su nombre. Y poniendo alas a sus sueños, embarcó en dura travesía hacia el desierto guajiro, en cuyo suelo calcinado encontraría la fórmula para dar rienda suelta a sus fervores de evangelizador. A caballo, en jeep, o más frecuentemente hundiendo su calzado franciscano en el suelo polvoriento, recorrió palmo a palmo las llanuras y vericuetos de los suelos vallenatos y guajiro, hasta escalar el más inaccesible bohío. No hubo rancho o caserío, por insignificante que fuera, sin ser hollado por sus pasos. Acudía con presteza a cualquier lugar donde se le llamara y no como invitado de honor, si no como Padre y Pastor. Cada visita era motivo obligado para el dialogo, y la exhortación. Fiel a su espíritu misionero estaba siempre dispuesto a dar catequesis o predicar al pueblo reunido, no importaba que fuera varias veces el mismo día. Su máximo gozo era poder proclamar la palabra de Dios. Sin prisas por cosechar éxitos ni frutos. Se conformaba con cumplir su oficio de sembrador. Otras manos cosecharían el fruto de su labor en tantas horas de siembra y de sol. Dato llamativo en su apostolado fue el ordenar un sacerdote por año para su territorio.
En el contexto de la pastoral a todos los niveles era excepcional. Frecuentemente se hacía presente en los pequeños grupos apostólicos diocesanos. El mismo era el animador en los praesidium de la Legión de María pasaba como alumno en los cursillos de cristiandad o participaba activamente en la preparación de los grupos juveniles y en las charlas de cursos prematrimoniales. En todos los grupos se hacía oír su palabra de aliento inspirando siempre confianza y amor.

TRAYECTORIA DE UNA VIDA FECUNDA
La Guajira y Valledupar se disputaban en amigable pugna a su pastor. De ambos pueblos fue artífice y constructor. El mismo fue quien maduro la desmembración eclesiástica de ambos Departamentos, señalando los limites de cada territorio. Valledupar y el Cesar, a quienes dedico más espacio como pastor, han visto crecer escuelas, colegios, casas cúrales, templos, centros misionales y mil obras de todo género al impulso de celo dinámico y emprendedor.
La diócesis se ha poblado de misioneros y religiosos que, en aunado esfuerzo, han construido con él, el edificio de una nueva iglesia: religiosas lauritas, franciscanas de maría, capuchinas, carmelitas, anas amsistas siervas de Jesús son otras tantas manos que han desparramado en el surco abierto de esta nueva iglesia la semilla del trabajo y el testimonio.
Dos obras sociales en las que se volcó con todo el entusiasmo y que han constituido para él verdadero viacrucis son el barrio villalba y los jardines de paz del Ecce Homo.
Muy frecuentemente se dice y se cree que los Obispos viven preocupados únicamente por el bienestar espiritual de su pueblo. En el caso de Mons. Vicente no reza este principio. Amó sinceramente a la Guajira por cuyo progreso material se interesó, abogando repetidamente ante el gobierno nacional en nombre de su pueblo. Las obras que dejo en marcha lo patentizan. Más tarde como Vicario Apostólico y ulteriormente como Obispo primero de Valledupar continuo su entrega por el bienestar de sus gentes, hasta el punto de crear una celotipia manifiesta con los riohacheros.
El nuevo Obispo se convirtió en el adalid más acérrimo del Departamento del Cesar. Cuando se ponía en duda la capacidad de Valledupar para ser capital de este rico departamento decía: “Hay que sacar adelante nuestro Departamento. Si conseguimos convertir a Valledupar en capital del Cesar llegara la prosperidad. Y con la colaboración de todos podremos convertir al Cesar en el Departamento piloto de la nación”. La noche en que el Senado aprobó su creación salió el primero a festejarlo a la calle.
No podría cerrar esta breve semblanza sin destacar algo que constituyó verdadera obsesión en su vida: su amor a Santa María. Hablando de ella sus palabras fluían como un torrente. Nunca se cansaba de hablar y predicar de María. La llamaba siempre “su madre”. Desde su nombramiento como Obispo de Valledupar puso énfasis especial en la construcción del templo catedralicio, antigua iglesia del Rosario, sobre cuyas ruinas ahondó los cimientos de la nueva catedral diocesana. Santa María, bajo la advocación del Rosario es la titular de la nueva iglesia catedral, declarada por Pablo VI Santuario Insigne.

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Ubicación

  • Cra 7 # 15-26, Centro, Valledupar, Cesar
  • Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    
  • 5743168 -5898614

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