En el último día de la Asamblea Territorial Pre-sinodal de Puerto Inírida, el 5 de octubre, se llevaron a cabo los momentos de Discernir y Actuar, donde los participantes reflexionaron acerca de los desafíos que tiene la Iglesia mancomunadamente con los pueblos que habitan la Amazonía. Desde la dinámica de trabajos en grupo y plenaria, se establecieron muchos aportes para el documento preparatorio del Sínodo para la Amazonía, a realizarse en octubre de 2019.

Momento Discernir

En el trabajo se reconoce la Amazonia como ser viviente y la necesidad de aproximarnos a ella como un sistema dinámico e interdependiente de quienes la habitan, siendo importante cuidarla y protegerla. En este proceso es determinante la presencia de la Iglesia en la vida de las comunidades indígenas, del campesino amazónico y de quienes están llegando a vivir en ella, para así asegurar una calidad de vida en su varias dimensiones: salud, educación, seguridad alimentaria, vida espiritual, etc.

Se deben continuar las relaciones claves entre la Iglesia y la espiritualidad de los pueblos amazónicos, porque allí es donde podemos armonizar o desarmonizar. De esta manera, pensarnos en una etnoeducación y una evangelización inculturada, pensada en la inclusión de las lenguas de los pueblos indígenas para así contribuir a fortalecer los procesos que se abordan en pro de la preservación del territorio. Sin embargo, aún sigue siendo un proceso de análisis el cómo llegar a un proceso de interdisciplinariedad que nos permita un relacionamiento sostenible con la Casa Común a través del diálogo entre las culturas y desde las culturas.

Momento Actuar

Desde la espiritualidad de los pueblos que habitan y han habitado ancestralmente estos territorios, debemos ver cómo pueden aportar a la vivencia y práctica de los sacramentos de la Iglesia y, a su vez, ésta cómo puede enriquecer los procesos en cada una de las culturas de los pueblos. Se espera que las comunidades indígenas inviten a la Iglesia Católica a hacer presencia y parte de sus espacios de reflexión para la construcción de procesos y acciones hacia la responsabilidad con el territorio que se habita.

También se reflexionó sobre el papel de la mujer en la construcción de la Iglesia con rostro amazónico, haciendo necesario una Iglesia abierta a las vocaciones indígenas con una formación adecuada para el acompañamiento pastoral y que responda a la realidad amazónica. Se enfatizó en la necesidad de cambiar el paradigma de creer que la cultura es algo estático, pensando en que el actuar debe ser como se ha hecho por tradición a través de los siglos; por el contrario, esta debe transformarse tanto en el actuar de la Iglesia como el de los pueblos indígenas ancestrales, para así modificar aquellos elementos que hacen indigna la vida de muchos de los habitantes de la Amazonia.

Un cierre de unión y fraternidad en la Amazonia

Dando cierre al encuentro, Mons. Joselito Quiñónez, obispo de Puerto Inírida, afirmó que “hemos podido ver, discernir y pensar unos compromisos concretos para llevarlos a la práctica, viendo más allá de lo que vieron nuestros antepasados”.

Fueron dos días de arduo trabajo en el que obispos, sacerdotes, religiosas y laicos campesinos e indígenas dialogaron sobre el trabajo que como Iglesia se necesita para llegar a palpar lo que ocurre en el entorno, desde una acción orante y reflexiva. Representando con velas encendidas una a una desde las manos que se unen para trabajar por una Iglesia con rostro amazónico y que contribuya a mantener viva la luz en el corazón de la Amazonía, se concluyó el trabajo como la semilla que ya ha germinado y que continúa creciendo.

Luz Nely Gómez, indígena tikuna, habló de la importancia de unir fuerzas en este trabajo: “Gracias al encuentro con los obispos, padres, hermanas, mestizos e otras personas podemos unir voces para elevar la voz y así poder sacar nuestra voz hacia el mundo entero para que nos ayuden a cuidar nuestra madre tierra, porque si nosotros no la cuidamos nos estamos destruyendo a nosotros mismos”. Así los pueblos indígenas hacen un llamado respetuoso al diálogo y al reconocimiento de la espiritualidad ancestral, haciendo el acompañamiento pertinente a los procesos para la supervivencia de las culturas indígenas, resaltando el papel de la mujer indígena como formadora y dadora de vida.

La segunda Asamblea presinodal de la Amazonia colombiana se llevó a cabo los días 4 y 5 de octubre, en Puerto Inírida, en el suroriente del país, con la participación de alrededor de noventa delegados de ocho jurisdicciones eclesiásticas de Colombia (Leticia, Mitú, San José del Guaviare, Granada, Puerto Gaitán, Puerto Inírida, Puerto Carreño y Villavicencio) y comisiones de Ayacucho (Venezuela) y Sao Gabriel da Cachoeira (Brasil).

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia

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