Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 30a TO - Todos los Santos)
Nota: En Colombia no es precepto

Mateo 5, 1-12a
«En aquel tiempo, al ver Jesús el gentio, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
–«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
Palabra de Dios...

Jesús, ayúdame a escucharte con todo mí corazón, así como con mis oídos, y ayúdame a despertar a tu Palabra, tus enseñanzas, a tu deseo de llevarme aún más cerca de Tí.

Meditación
Jesús, como en tantas otras ocasiones ha salido a predicar en descampado. Sus apóstoles y el gentío le siguen gustosos, porque saben que el Maestro tiene palabras de vida eterna. El pueblo de Israel, vagaba desconcertado por sus propios guías, los escribas, fariseos y saduceos, a quienes Jesús calificó de guías ciegos. Ahora que aparece Jesús, ¿será el Mesías? se preguntan muchos para sus adentros, pero no encuentran en El nada de la figura de un libertador terreno, lleno de poder y castigador de sus adversarios, tan prometido por sus maestros.
Al contrario, para quienes venían buscando liberación política para Israel, topan con un Mesías que les propone el camino de la abnegación, de la humildad, de la pobreza, del sufrimiento... Pero todo esto basado en una recompensa grande en el Reino de los Cielos.

El sermón de la montaña ha resonado tantísimas veces en el corazón de los cristianos de todos los tiempos, y ha sido para todos, el mensaje de la esperanza, en medio del vaivén de las dificultades del mundo. Es la paradoja de la fe, reducida su más clara expresión: bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Es la promesa que todos deseamos ver cumplida algún día. Pero el cristiano no es el que simplemente se resigna a todo lo que le venga. El discípulo de Cristo, empuña el arado todos los días, remueve obstáculos, limpia el terreno, trabaja, porque sabe que su esfuerzo siempre será remunerado, si no aquí, sí en la otra vida.
Por eso las bienaventuranzas no son sólo promesas para esperar, son todo un programa de vida para reformar esta tierra. Si por un día todos los hombres fuéramos pobres de espíritu, mansos de corazón, pacíficos, misericordiosos, limpios de corazón, podríamos traer el cielo a la tierra. Es cierto que el Señor permite el mal en nuestras sociedades, la desorientación y las injusticias, pero no podemos olvidar que si lo permite, es porque está seguro de obtener de todo ello un bien mayor.

Fuente: catholic.net

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 30a TO)

Lucas 13, 22-30
«En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
Palabra de Dios...

Jesús, el camino está claro, pero siento que me falta fuerza para realmente querer recorrer esa senda que lleva a tu Reino, cruzar esa puerta estrecha que implica negarme a mí mismo. Dame la luz para comprender que sólo hay ese camino por lo que debo convertirme en un instrumento dócil y confiado en tu voluntad.

Meditación
«Luchad por entrar por la puerta estrecha»

Hoy, camino de Jerusalén, Jesús se detiene un momento y alguien lo aprovecha para preguntarle: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (Lc 13,23). Quizás, al escuchar a Jesús, aquel hombre se inquietó. Por supuesto, lo que Jesús enseña es maravilloso y atractivo, pero las exigencias que comporta ya no son tan de su agrado. Pero, ¿y si viviera el Evangelio a su aire, con una “moral a la carta”?, ¿qué probabilidades tendría de salvarse?

Así pues, pregunta: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Jesús no acepta este planteamiento. La salvación es una cuestión demasiado seria como para resolverla mediante un cálculo de probabilidades. Dios «no quiere que alguno se pierda, sino que todos se conviertan» (2Pe 3,9).

Jesús responde: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’» (Lc 13, 24-25). ¿Cómo pueden ser ovejas de su rebaño si no siguen al Buen Pastor ni aceptan el Magisterio de la Iglesia? «¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Lc 13, 27-28).

Ni Jesús ni la Iglesia temen que la imagen de Dios Padre quede empañada al revelar el misterio del infierno. Como afirma el Catecismo de la Iglesia, «las afirmaciones de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión» (n. 1036).

Dejemos de “pasarnos de listos” y de hacer cálculos. Afanémonos para entrar por la puerta estrecha, volviendo a empezar tantas veces como sea necesario, confiados en su misericordia. «Todo eso, que te preocupa de momento —dice san Josemaría—, importa más o menos. —Lo que importa absolutamente es que seas feliz, que te salves».

Fuente: Web Católico de Javier

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 30a TO)

Lucas 13, 18-21
«En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»
Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.»
Palabra de Dios...

Señor, ayúdame a reconocer las semillas de transformación que Tú has colocado dentro de mí. Ayúdame a entender que el Reino está creciendo ahora en mí, y que Tú me estás dando a conocer tu Presencia, en distintas formas de mi diario vivir.

Meditación
Somos “coherederos de Cristo”, “glorificados con él”, nos dice San Pablo. Y se pregunta cómo hacérselo saber al hombre, cuyo sufrimiento le ofusca la mente, impidiéndole ver la gloria de Dios. La solución de Pablo es que el hombre se deje transformar por el Espíritu.

En el Evangelio, se nos proponen dos parábolas, comparando el Reino con una semilla, la de mostaza, y con la levadura y su comportamiento en la masa. El proceso de ambas es similar al del Reino, humilde al principio, frondoso al final.

El grano de mostaza: compromiso con el tiempo presente
Quizá la tentación sea proyectar de forma inmediata la parábola hacia el futuro. Y la proyección es válida, siempre y cuando no invalide la fuerza de la semilla en sí misma.

El árbol frondoso donde pueden anidar los pájaros, el Reino de Dios extendido por el mundo entero, están ya presentes, aunque no en todo su esplendor, en la semilla y en las palabras y anuncios de Jesús. Un respeto y un aprecio, lo primero, para esa semilla que va a crecer más por su potencialidad que por los desvelos que yo pueda tener con ella. En segundo lugar, lo nuestro es sembrar con generosidad, con prodigalidad, semillas de mostaza, de justicia, de verdad, de paz, de fraternidad y de solidaridad. Dejemos, luego, al sol y al agua que hagan lo suyo; dejemos al Señor que convierta esas actitudes, esos valores, en forma de semillas, en árboles donde puedan anidar y convivir los creyentes y seguidores de Jesús.

Y no hagáis caso de los que quieren inmediatez y eficacia garantizada. Hay que sembrar como el maestro desbroza la mente del niño, con entusiasmo pero a sabiendas de que lo normal es que él no vea los resultados y, además, sin constancia alguna de la eficacia de cuanto enseña. Así nosotros. La siembra en sí misma tiene su valor. Los gestos de justicia, transparencia, fraternidad y paz, aunque no logren extender y dilatar toda la potencialidad que llevan dentro, ya tienen su valor, y merecen la pena. Lo nuestro, repito, es sembrar.

La levadura y la mostaza: mensaje de confianza y esperanza
Jesús, por medio de estas parábolas, nos da un mensaje de confianza. La semilla está plantada. El Reino es una realidad. Ciertamente no somos mayoría, no es precisamente aprecio lo que abunda en los medios hacia Dios y su pequeño Reino, pero la levadura está mezclada con la masa. Confiemos, no en nosotros, sino en el sol, el agua y el Labrador. El tiempo presente es decisivo. Sembrado el Reino, ya está creciendo y desarrollándose. Con dificultades, con fracasos momentáneos, la historia del Reino sigue su curso e inexorablemente llegará a ser la realidad soñada por Dios.

El Reino de Dios está dentro de nosotros. Ignoramos quién la ha sembrado, pero la semilla está depositada y crece aunque a veces no nos demos cuenta. Esto nos ofrece esperanza para el futuro, atención para el presente y, en todo momento, acción de gracias al dador de tanto bien.

Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino

Fuente: dominicos

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 29a TO)

Lucas 12, 54-59
«En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»
Palabra de Dios...

*Padre Santo, dame sabiduría y valor para tomar una determinación y dejar de evadir
mi responsabilidad, asumiendo con dedicación la Misión que Tú me has encomendado.*

Meditación
Jesús se queja de que sus contemporáneos saben interpretar muy bien el tiempo atmosférico, pero no son capaces de descubrir los signos del Reino en medio del tiempo histórico que viven: tienen al Mesías que les comunica la buena nueva y realiza signos, pero están cerrados y siguen esperándolo como si no estuviese ya entre ellos.

No son capaces de acoger el tiempo de gracia y de reconciliación que les ofrece mientras van de camino. Nos puede pasar la mismo a nosotros; es verdad que, por vivir en la ciudad, puede que ya no seamos tan expertos en escudriñar las señales atmosféricas, pero sí sabemos informarnos de ellas muy bien a través de los medios modernos. Somos expertos en muchas otras cosas, como en las tablas de resultados deportivos, en las novedades literarias y musicales y, sobre todo, en el avance de las nuevas tecnologías, pero quizá sólo estamos acumulando información o esclavizándonos de las técnicas. A lo mejor tampoco nosotros estamos leyendo con profundidad de fe el sentido del momento histórico que vivimos.

La creciente falta de trabajo, la pérdida de viviendas, la disminución del poder adquisitivo, los reajustes sociales… ¿Son signos de qué? ¿Cómo leemos este duro y convulsionado momento social que nos toca vivir? ¿Bastará con decir que se trata de una crisis mundial que ya pasará, como han pasado otras? ¿No será una llamada a pensar a fondo en las causas que nos han traído hasta este punto: un estilo de vida social inconsciente y despilfarrador, que no era sostenible, y un modelo de sistema económico que cada vez deja a más personas al margen? Para un cristiano no basta con pensar que este fuerte chaparrón ya pasará y que mientras tanto sólo debe protegerse de la mejor manera posible, necesita leer este “kayros” histórico en clave de fe: escuchar al Señor que nos vuelve a recordar las bienaventuranzas y nos enseña a vivir de otro modo: una vida pobre que renuncia a los excesos y sabe de austeridad, esfuerzo, solidaridad, respeto, transparencia y creatividad. Llama la atención el papel que Cáritas está teniendo en este momento social; los cristianos no podemos quedarnos quietos ante el sufrimiento de tantos hermanos, es un signo que nos invita a descubrir las llamadas actuales de Jesús. En realidad, la historia social y nuestras propias historias están cargadas de muchos signos claros de la presencia del Reino, que nos invitan a despertar y a comprometernos.

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Fuente: Ciudad Redonda

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 29a TO)

Lucas 12, 49-53
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Palabra de Dios...

Señor tu paz deseo, que se quede en mi, para llevarla a todos quienes me rodean, en tú nombre sé que lograré mucho, pero también habrá perturbaciones, dame la fuerza, la voluntad, la paz y el amor para mantenerme firme y seguir adelante llevando tu mensaje.

Meditación
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división

El secreto para entender las a primera vista sorprendentes palabras de Jesús en el evangelio de hoy está en que Él no es neutral, no le da lo mismo una cosa que otra. Nos pide que le sigamos y para ello que vivamos a Dios como nuestro Padre, que tengamos a todo ser humano como nuestro hermano, que vivamos nuestra vida como una historia que no termina en el fracaso sino en la resurrección a la plenitud de la felicidad, que vivamos unos valores como el amor, la sencillez, la misericordia, la veracidad… y que rechacemos otros como el orgullo, la mentira, el odio, la soberbia, el amor al dinero… Evidentemente Jesús causa división. Unos hombres le aceptarán y otros le rechazarán. Pero a los que le acojamos nos seguirá diciendo “mi paz os dejo, mi paz os doy”.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Fuente: Dominicos

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