Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 22a TO - El Martirio de San Juan Bautista)

Mateo 23, 27-32 o Marcos 6, 17-29
«Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.» Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.» Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura..»
Palabra de Dios...

Jesús, la vida que ofreces a tus seguidores no es una vida fácil. Es un estilo de vida que necesita el valor y la renuncia. Es una conquista del mundo que empieza cuando me venzo a mí mismo, por amor a Ti; porque tengo que dejar todo lo que me lleva al pecado. Por intercesión de san Juan Bautista te imploro la gracia de la fidelidad.

Meditación
Hoy conmemoramos el martirio de San Juan Bautista. El evangelio describe cómo murió el Bautista, sin proceso, durante un banquete, víctima de la prepotencia y de la corrupción de Herodes y de su corte.

El tiempo ordinario tiene estas cosas. La liturgia no nos da reposo, no deja que nos relajemos, y entre santo y santa, un martirio. La muerte de aquél que señaló al mundo la venida del Salvador.

Como cada día, hoy se nos da otra pista sobre lo que tenemos que hacer para alcanzar el Reino de los Cielos. Estar atento a lo que pasa a nuestro alrededor. Eso permitió a Juan ver a Jesús y distinguirlo entre la gente, y eso le llevó también a denunciar la situación de pecado en la que vivía Herodes. (Inciso. Hace poco he releído La guerra de los mundos de Herbert George Wells. Uno de los personajes, un vicario, algo afectado por la invasión marciana de la tierra, se lamenta de todo lo que ha visto de injusto en su mundo y no ha denunciado. Pero para él era ya tarde. ¿Y para nosotros? Cierro el inciso).

Seguramente, Juan sabía a lo que se enfrentaba. No hace falta ser muy listo para saber que, si te enfrentas al poderoso, te puede costar caro. Muy caro. A veces, en nuestro tiempo también, la vida. Todo se puede dar, incluso la vida, si se ha tenido un encuentro con Cristo. Lo demuestran muchos testimonios a lo largo de la historia de la Iglesia.

Para eso, por supuesto, hace falta entrenamiento. Eso exige, por ejemplo, la atención a los pequeños detalles, que es lo que nos permite poder ser fiel en las cosas grandes. Es una de las enseñanzas de, por ejemplo, los Beatos Mártires de Barbastro. Tuve la suerte de conocer al padre Zubiri, C.M.F., hace algunos años. Este padre fue compañero de estudios de los Beatos. Y nos contó cómo su disciplina, su fidelidad a la oración, su frecuencia en la confesión, sus horarios espartanos, les fueron preparando para el martirio. Incluso rezando para poder dar su sangre por Cristo, por la Virgen, por la Iglesia y por la Congregación claretiana.

¿Cómo está tu fidelidad en las pequeñas cosas? El plan que hiciste a principios de año, o al final de los ejercicios, o en aquel día de retiro, ¿lo revisas de vez en cuando o está cubierto de polvo en la estantería? ¿Hay cada día sitio en tu vida, aunque sea unos minutillos, para Él? Sin eso, sin las pequeñas cosas, no se pueden conseguir las grandes. Tú mismo.

Fuente: Varias

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 22a TO - San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Mateo 23, 23-26
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!.»
Palabra de Dios...

Jesús, Tú me desafías a cambiar mi forma de vida, a cambiar desde adentro hacia afuera. Es un duro desafío. Necesito ser diferente de muchas maneras. Primero, ayúdame a querer cambiar, aunque no vea la manera en que pueda hacerlo.

Meditación
El Evangelio de hoy presenta otros dos ‘ay’ que Jesús pronuncia contra los líderes religiosos de su época. Los dos ‘ay’ de hoy denuncian la falta de coherencia entre palabra y actitud, entre el exterior y El Interior. Al meditar las palabras tan duras de Jesús, tengo que pensar no sólo en los doctores y en los fariseos de la época de Jesús, sino que también y sobre todo en el hipócrita que hay en mí, en nosotros, en nuestra familia, en la comunidad, en nuestra iglesia, en la sociedad de hoy. Vamos a mirar en el espejo del texto, para descubrir lo que hay de errado en mi, en nosotros.

Ayer la madre, y hoy el hijo. Una familia santa. Por caminos distintos y misteriosos, como son los caminos de Dios.

Y la Palabra que nos sigue estimulando. Hay personas que ven el bosque, pero no son capaces de distinguir los árboles. Sólo les importan el conjunto. Otros, sin embargo, afinan tanto mirando un árbol concreto que no ven el bosque. Eso pasa en la vida espiritual. Los hay que acentúan los asuntos “de menos importancia” y dejan sin hacer los asuntos “de más importancia”. Otros, por el contrario, se centran en los asuntos “de mayor importancia”, y dejan de hacer las cosas “menos importantes”.

Jesús dijo que deberíamos hacer las dos cosas, no dejando nada sin hacer. Todos los mandamientos de Dios son importantes. Los fariseos acentuaron el diezmo, pero descuidaron la justicia, la misericordia, la fe. Tenían mucho cuidado de no tragarse el mosquito pero podían comulgar con ruedas de molinos. Se centraron solo en lo exterior. Los ritos de purificación, mirando que todo estuviera en orden, como se había hecho siempre.

Jesús invita a mirar más allá, a no quedarse en lo exterior, a practicar un verdadero arrepentimiento. Ojalá que podamos hacer de nuestras comunidades, parroquias, grupos, lugares donde se pueda vivir la purificación interior.

De la vida de san Agustín te puedes enterar en sus escritos y su biografía. Él sí que practicó un arrepentimiento sincero, y pudo recibir su recompensa.

Fuente: Varias

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(Lunes 22a TO - Santa Mónica)

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Mateo 23, 13-22
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
«¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ' Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!' ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: 'Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado.' ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.»
Palabra de Dios...

Señor Jesús, tú que supiste reprender a los escribas y fariseos con palabras llenas de fuerza y de verdad, dame la gracia de poder escucharte, pues quizá me estás hablando y no lo hago.

Meditación
Empieza esta semana con la memoria de santa Mónica, ejemplo de perseverancia en la oración para pedir la conversión de su hijo. La insistencia de una madre todo lo puede. Vaya en primer lugar una oración por nuestras madres, allá donde se encuentren.

Y vayamos con la Palabra de hoy. Más de los fariseos, otra de las disputas de Cristo con ellos. Podemos decir que, en general, los fariseos eran gente que se esforzaba por alcanzar la salvación. Entonces, ¿por qué fallaron? ¿Por qué no pudieron ver en Jesús como Mesías? Parece que hoy esta Palabra nos da algunas pistas.

Estos hombres, a través de sus doctrinas, de su interpretación de la ley y de sus prácticas, habían dejado sin efecto los mandamientos de Dios. Queriendo acercarse a Él, se habían alejado. Era más importante el diezmo que atender a los padres, por ejemplo.

Por otra parte, la salvación se había convertido en algo para una élite exquisita, perteneciente a una casta exclusiva. Y Jesús nos recuerda siempre que su salvación es para todos. Por eso, lo que decimos, lo que hacemos, debe estar orientado a nuestra salvación, sí, pero también a la de los demás.

Algunos, por lo que podemos leer, hicieron un uso perverso de la religión, buscando aprovecharse de los demás, impresionarlos demostrar lo mucho que sabían y lo buenos que eran. ¡Qué malos eran estos fariseos! Por cierto, tú, ¿para qué eres cristiano? ¿Para qué trabajas en la parroquia, para qué eres catequista, para qué haces cosas en Cáritas…? ¿Para que te vean y digan qué bueno eres, o para mayor gloria de Dios? Revisión de motivaciones, para no ser fariseos…

Las Hermanas de Teresa de Calcuta rezan todos los días, después de la Misa, una oración en la que piden que la luz de Cristo brille a través de ellas. No su luz, sino la luz de Cristo. Eso, quizá, es lo que no entendieron los fariseos. Lo primero, Cristo. Después, ya veremos.

Los escribas y los fariseos hacían finas distinciones entre los tipos de juramento con los que uno podía comprometerse. Está claro que no era esa la idea del juramento, como Jesús les hace ver. Nosotros, que no somos fariseos, podemos hacer algo parecido hoy. Por ejemplo, cuando damos mucha importancia a algunos mandamientos, mientras que otros no cuentan para la salvación. O cuando pontificamos, diciendo yo pienso así y me parece, en vez de enseñar a la gente lo que dijo Cristo y lo que nos dejó en la Biblia.

Vale por ahora. Nos podemos quedar con la enseñanza de la santa de hoy. No es imposible ser sencillo, ser fiel y ser santo. Santa Mónica lo fue. Puedes leer algo sobre su vida. Ella supo encontrar un buen Guía, para ella y para su hijo.

Ser testigos y dar testimonio supone actuar de forma coherente y hacer lo posible para que las palabras y los hechos sigan el mismo camino.

¿Somos capaces de reconocer las oportunidades que se nos presentan cada día? ¿Cómo es el testimonio?

Fuente: Varias

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 20a TO - Santísima Virgen María, Reina)

Mateo 20, 1-16 o Lc 1, 26-38
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: 'Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.' Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: '¿Por qué estáis aquí todo el día parados?' Dícenle: 'Es que nadie nos ha contratado.' Díceles: 'Id también vosotros a la viña.' Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: 'Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.' Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.' Pero él contestó a uno de ellos: 'Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?'. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»
Palabra de Dios...

Señor, quiero trabajar por Ti, quiero desgastarme por Ti, quiero poner todo lo que soy a tu servicio. Ilumíname para saber cómo y dónde servirte.

Meditación
Esta parábola me suscita una especial simpatía. Aunque quizá ésta sea la excusa, el parapeto que me he construido para no tomármela en serio de verdad. El texto es hermoso, pero al mismo tiempo bien duro. Un genial dibujante español fallecido hace poco, D. Antonio Mingote, percibió su significado con una chispa admirable y hace unos años publicó una serie de dibujos en los que aparecíamos retratados serios católicos, muy merecedores de respeto, en un conjunto titulado “Al cielo iremos los de siempre”.

Esos somos “los de siempre”, aquellos que a menudo teniéndonos por justos despreciamos a los demás (cf. Lc 18, 9), los que sí creemos y nos comportamos “como Dios manda” (¡pobre Dios muchas veces!).

He aquí una de nuestras principales tentaciones: considerarnos “los de siempre” y decirle al Señor que no puede tratar igual a quienes han venido después o no se entregan tanto a las tareas del Reino. ¿Cómo les va a pagar lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el calor y el trabajo de toda la jornada? ¡Qué sabia es la Madre Iglesia cuando traduce las renuncias que acompañan el Bautismo y nos pregunta: “¿renunciáis a Satanás, esto es: a estar muy seguros de vosotros mismos, a consideraros ya convertidos del todo, a creeros superiores a los demás…?”!
Es tiempo de dejar a Dios ser Dios; de reconocer que Él sí puede hacer lo que le venga en “su real gana”. ¿O es que nos molesta que sea más generoso, desprendido y sensible que nosotros? Ay, ay, ay… Cuidado: en una situación parecida (Mt 16, 23), Jesús acabó llamando Satanás a Pedro: “¡Aléjate! Piensas como los hombres, no como Dios”.

¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.

Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.

¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.

Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.

Fuente: Varias

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 20a TO - San Pio X, Papa)

Mateo 19, 23-30
«Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos.» Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible.» Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. «Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.»
Palabra de Dios...

Señor, dame la valentía para vivir con pobreza de espíritu.

Meditación
El libro del profeta Ezequiel recoge este pensamiento: Se hinchó tu corazón, y dijiste: 'Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar', tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses.

A veces la arrogancia, nos hace creer que tenemos un gran poder en esta vida por encima de todo y de todos: nos creemos más listos que otros, o más sabios, creemos que por tener experiencia de algo ya lo sabemos todo y dejamos de escuchar a Dios y a los hombres, y creemos que nuestro trono está en medio de la inmensidad del mar.

Erramos cuando nos dejamos guiar por esa arrogancia. Algo en la vida nos hará situarnos en nuestra pequeñez. Ni la juventud con su ímpetu y fuerza, ni la vida adulta con su experiencia podrán superar la inmensidad del mar. Ni siquiera somos poseedores de una ínfima parte de ese mar, todo se escapa de nuestras manos. Nos pavoneamos engreídos porque creemos en nuestras solas fuerzas sin necesidad de Dios.

Sin embargo, cuando viene la debilidad, cuando la vida se muestra con toda su crudeza en la precariedad laboral, en la enfermedad, en las turbulencias violentas de las relaciones nos sentimos desgraciados, sin fuerzas, precarios. ¿A quién acudirás para encontrarte? ¿No es Dios una posibilidad para tu salvación? ¿No estás dispuesto? ¿Quién estará para ayudar a salir de tu error?

Tras muchas de nuestras arrogancias se esconden muchos trastornos de la personalidad, que paradójicamente despersonalizan al ser humano. Detrás de estos trastornos se esconden una reafirmación personal alimentados por el miedo. Se huye de Dios por miedo, y se niega a Dios por miedo. Otras veces la razón de esta huida es una visión egoísta del desamparo: como Dios no me ha ayudado como yo quería… o no he visto que Dios me salvara en tal situación…

¿Cuántas veces Dios ha estado salvando y ayudando sin que nos hayamos percatado de ello? A veces renunciamos a la fe, porque alguien de la Iglesia no ha dado el testimonio suficiente para mantenerme en ella. Pero eso es echar balones fuera de mi responsabilidad a la hora de creer. La fe es una adhesión libre a Dios. El verdadero reto está en decir, a pesar de todo, CREO. Pero la fe no es un pesar, es más bien el ejercicio libre y liberador de los pesares. El pasado no se resuelve enterrándolo simplemente, sino en liberarme del dolor y el sufrimiento que en mi vida ha provocado. El pasado liberado es un presente reconciliado con una visión positiva de la vida. Dios me sigue amando, porque Él es fiel.

El Evangelio de Mateo Jesús advierte a los ricos que ponen su corazón y su felicidad en las riquezas, porque empequeñecen su vida y su capacidad de amar. No todo en esta vida son riquezas.

Pedro se pregunta, ¿entonces quién puede salvarse? En el Evangelio se dice que, aquellos que han sido capaces de dejarlo todo, esos recibirán cien veces más.

En este Evangelio no es que se impida la felicidad a los ricos, ni tampoco se niega su salvación. Jesús propone un reto para todos. ¿Quién es capaz de dejarlo todo por mí y el Reino de Dios? Dejarlo todo es dejar no sólo lo que me impide acceder a Dios, sino también toda actitud que me impide acceder a los hermanos como la arrogancia. También puede negar el acceso a Dios el pasado no superado. La vida no consiste en negar el pasado sino en superarlo.

En las redes sociales se encuentra de todo, muchas veces basura, pero hoy me encontré en una red social con este pensamiento de Cohen que nos puede valer también para Dios: “No borres ningún día de tu vida. Los días bellos te han dado felicidad. Los malos te han dado experiencia. Y los peores te han enseñado a vivir”. ¿Por qué queremos borrar a Dios de nuestra vida? ¿Eres capaz de vivir con Dios sin negarlo?

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Fuente: dominicos

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