Homilía

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 33a TO - La Presentación de la Santísima Virgen María)

Lucas 19, 11-28 o Mt 12, 46-50
«En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: -«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo.” Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey.” Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez.” Él le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco.” A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades.” El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras.” Él le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez.” Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas.” “Os digo: ‘Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’ Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.”» Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.»
Palabra de Dios...

Jesucristo, enséñame a ser perseverante en el buen uso de mis talentos, para servirte a Ti y a los demás.

Meditación
Nuestros talentos al servicio del reino

En el interior de nuestro corazón fluyen muchos deseos. Cada uno de ellos da forma a nuestros ideales. Son el centro por el que se filtran nuestras alegrías y tristezas. En muchas ocasiones son nuestras razones más auténticas para hacer o dejar de hacer, para irnos o quedarnos, para gastar o compartir.

El Evangelio de hoy nos muestra el deseo hondo de Jesús. Por el cual se estremece su corazón al reconocer que se acerca a Jerusalén y que de alguna forma alborea: el Reino.

Por su causa dejó su hogar paterno allá en el cielo, pasó mil calamidades y gozos e invirtió cuanto era y tenía. Allá en el Jordán tuvo la tentación de usar cuanto era en beneficio propio y poder vivir con cierta tranquilidad, confortablemente. Pero decidió dejarlo aún lado. De qué le servía vivir cómodamente si no vivía auténticamente. Por qué reservarse algo de sí o renunciar a la vida tal cual es. Guardarse o reservarse algo era algo así como mojar la sal o esconder la luz que ardía en su interior.

Algunos nos hemos encontrado metidos en este extravagante sueño de Jesús, nos reconocemos sus siervos y hemos recibido una misión invertir cuanto somos y hemos recibido en hacer brotar el Reino a nuestro alrededor.

A veces nos cuesta reconocer los talentos que de él hemos recibido y no en pocas ocasiones sentimos la tentación de esconder lo que nos ha sido dado, de no ponerlo a fructificar y simplemente vivir. Dejar que la vida nos viva.

“Nuestro tiempo pasa, Señor.
Danos tu tiempo para que podamos vivir.
Danos el valor de servir a la vida y no a la muerte.
Danos tu futuro a nosotros
y a nuestros hijos.” (J. Moltmann)

Fuente: Ciudad RedondaDiócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 33a TO - La Presentación de la Santísima Virgen María)

Lucas 19, 11-28 o Mt 12, 46-50
«En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: -«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo.” Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey.” Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez.” Él le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco.” A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades.” El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras.” Él le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez.” Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas.” “Os digo: ‘Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’ Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.”» Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.»
Palabra de Dios...

Jesucristo, enséñame a ser perseverante en el buen uso de mis talentos, para servirte a Ti y a los demás.

Meditación
Nuestros talentos al servicio del reino

En el interior de nuestro corazón fluyen muchos deseos. Cada uno de ellos da forma a nuestros ideales. Son el centro por el que se filtran nuestras alegrías y tristezas. En muchas ocasiones son nuestras razones más auténticas para hacer o dejar de hacer, para irnos o quedarnos, para gastar o compartir.

El Evangelio de hoy nos muestra el deseo hondo de Jesús. Por el cual se estremece su corazón al reconocer que se acerca a Jerusalén y que de alguna forma alborea: el Reino.

Por su causa dejó su hogar paterno allá en el cielo, pasó mil calamidades y gozos e invirtió cuanto era y tenía. Allá en el Jordán tuvo la tentación de usar cuanto era en beneficio propio y poder vivir con cierta tranquilidad, confortablemente. Pero decidió dejarlo aún lado. De qué le servía vivir cómodamente si no vivía auténticamente. Por qué reservarse algo de sí o renunciar a la vida tal cual es. Guardarse o reservarse algo era algo así como mojar la sal o esconder la luz que ardía en su interior.

Algunos nos hemos encontrado metidos en este extravagante sueño de Jesús, nos reconocemos sus siervos y hemos recibido una misión invertir cuanto somos y hemos recibido en hacer brotar el Reino a nuestro alrededor.

A veces nos cuesta reconocer los talentos que de él hemos recibido y no en pocas ocasiones sentimos la tentación de esconder lo que nos ha sido dado, de no ponerlo a fructificar y simplemente vivir. Dejar que la vida nos viva.

“Nuestro tiempo pasa, Señor.
Danos tu tiempo para que podamos vivir.
Danos el valor de servir a la vida y no a la muerte.
Danos tu futuro a nosotros
y a nuestros hijos.” (J. Moltmann)

Fuente: Ciudad Redonda

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Jueves 32a TO - San Alberto Magno, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Lucas 17, 20-25
«En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»
Palabra de Dios...

Jesús, tu promesa para mí es que si te tengo como Señor de mi vida, todo lo que necesito será mío. Esto no significa que mi
vida será sin dolor; pero que la recorro contigo a mi lado, para guiarme y protegerme, y ayudarme en mi camino.

Meditación
El reino de Dios está dentro de vosotros

En el evangelio de hoy vemos a “unos fariseos” preguntando a Jesús cuándo iba a ser la llegada del reino de Dios. Jesús, en un primer momento les responde dos cosas claras: que el reino no vendrá espectacularmente y que “el reino de Dios está dentro de vosotros”.

Bien sabemos que el núcleo central de la predicación de Jesús fue el reino de Dios. De manera directa o indirecta todas sus palabras nos hablan de él. Nos asegura que Dios no se contenta con habernos creado y dejarnos a nuestra suerte. Quiere, para echarnos una mano, entrar en relaciones estrechas con todos nosotros, como Rey y Señor de nuestra vida, porque es nuestro Dios. Quiere que le dejemos regir y guiar nuestro corazón, nuestra inteligencia, nuestra vida entera. Y que no tengamos a ninguna creatura humana como nuestro Rey y Señor. Que amemos a todos los hombres y mujeres como hermanos, pero que a nadie de ellos le hagamos nuestro Dios, nuestro Rey.

Jesús nos hace esta propuesta porque sabe que teniendo a Dios como nuestro Rey, dejándonos guiar por él, nos irá bien en la vida y encontraremos el camino adecuado para vivir con emoción, con sentido, con esperanza, con alegría en esta tierra, esperando el segundo tiempo del reinado de Dios, después de nuestra muerte, cuando sólo Dios y nadie más que Dios, que es Amor, reine en nuestra vida, y todos los contrarios a Dios, empezando por el mal, sean destruidos para siempre.

Celebramos la fiesta de San Alberto Magno (1206-1280), dominico alemán de la primera generación. Por encima de todas sus cualidades destaca su pasión por la verdad y su dedicación al estudio, tanto en las ciencias naturales como en filosofía y teología, lo que le valió el calificativo de Magno. Fue maestro de Santo Tomás de Aquino. No podemos olvidar también su fidelidad de vida a Jesús y su evangelio, lo que ha reconocido la iglesia declarándolo santo.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Fuente: Dominicos.org

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Miércoles 32a TO)

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Lucas 17, 11-19
«Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra de Dios...

Jesús, nunca me dejes subestimarte; Tu Presencia en mi vida puede animarme, sanarme y ayudarme a ser persona íntegra. Nunca me abandonarás, Jesús; ayúdame a agradecerte y a honrar Tu Santo Nombre.

Meditación
Bendecid al Señor

Hermoso pasaje del Evangelio del que podemos aprender mucho. Cristo cura a diez leprosos y les envía (según era costumbre) a que se lo comuniquen a los sacerdotes ya que, en aquel tiempo, la enfermedad de la lepra llevaba aparejada la exclusión social y el que sanaba debía hacerlo saber a las autoridades. De esos diez solamente uno irá a dar gracias a Jesús, y Él le despedirá con una frase que conocemos bien “Tu fe te ha salvado” y no ya solo de la enfermedad del cuerpo, sino en su alma.

Los leprosos acuden a Jesús pidiendo ayuda: imaginar la escena de esos hombres desesperados que, al saber que el Maestro anda cerca, acuden como última solución a su mal. Pero una vez que han conseguido lo que buscaban se olvidan, van a cumplir con el precepto de comunicarlo y solo uno, antes de ver a los sacerdotes, agradece lo que se ha hecho por él, vuelve a donde está Jesús alabando a Dios y dando gracias ¿No os suena? ¿No os ha pasado alguna vez? En momentos de angustia, de dificultad, acudimos a Dios pidiendo ayuda, pero ¿Cuántas veces vamos a Él para darle gracias? Somos así, pero no solo en nuestras relaciones con Dios, sino en nuestro día a día. No somos agradecidos con los demás, nos olvidamos pronto de los favores que recibimos e incluso nos molesta que se nos recuerden. Y esa no debe ser nuestra actitud. Dice un viejo refrán castellano: “Es de bien nacidos el ser agradecidos” Y así debe ser. Os propongo que al finalizar el día, en nuestra oración personal, repasemos lo acontecido y demos gracias a Dios por todas las cosas buenas que nos han ocurrido. Seamos como ese samaritano y no tengamos pudor en dar las gracias por los favores recibidos. Nuestra alma estará más sana. Alabemos a Dios, bendigamos su acción sobre nosotros y contemos a los demás las maravillas que obra.
D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

Fuente: Dominicos.org

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Martes 32a TO)

Lucas 17, 7-10
«En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»
Palabra de Dios...

"Querido Dios, tú no pasaste tu tiempo jactándote de todo lo que hiciste y sufriste. Tú eras como un esclavo, sirviéndonos a todos, lavando nuestros pies, muriendo por nosotros. Hazme un poco más semejante a ti en tu humildad y olvido de ti mismo”.

Meditación
Robustos en la fe, en el amor y en la paciencia

San Pablo da consejos a Tito en esta carta sobre la sana doctrina, y las actitudes que la acompañan desde la coherencia. En ella le pide que enseñe a los ancianos para que sean robustos en la fe, en el amor y en la paciencia.

Porque la fe puede ser fácil de perder si no se alimenta de la sana doctrina, la que Jesús predicó, y nos dio como salvación. Y la fe por otra parte requiere ser compartida y mostrada con gestos claros de amor. Una fe sin caridad es una fe vacía, sin contenido. Pero para mostrar nuestra fe, que necesita del amor, se requiere de la paciencia. Una virtud escasa en este tiempo donde la inmediatez se ha vuelto una exigencia: “Si todo no nos es dado ahora mismo, entonces carece de sentido”. Haciendo así de la espera una cuestión irrealizable.

¿La paciencia es una virtud perdida? Puede serlo si sólo miramos a nuestras necesidades personales como la única forma de relación. La paciencia se pierde si no sé esperar el tiempo de mi hermano, a su acontecimiento, a su presencia.

Una fe robusta, impregnada de gestos de amor, destierra todo tipo de odio, actitudes chismosas y todo tipo de vicios. No tiene por qué estar referido sólo a las ancianas, como lo refiere San Pablo, en el contexto de esta carta.

Una buena enseñanza para la juventud es la búsqueda de ideas justas, presentando modelos de hombres y mujeres donde la justicia sea una causa primera por la que luchar.

El Evangelio termina con esta frase: ”hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Es el momento del tiempo cumplido, de la promesa compartida, de la esperanza que no acaba. La conciencia nos puede pedir cuentas cuando nos alejamos de la fe, cuando nos alejamos del amor, y cuando perdemos la paciencia. Son tres virtudes que se acompañan mutuamente en el seguimiento a Jesús de Nazaret.
Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Fuente: Dominicos.org

Diócesis de Valledupar
Animación Bíblica de la Pastoral-ABP.
(Viernes 31a TO - San León Magno, Papa y Doctor de la Iglesia)

Lucas 16, 9-15
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él.
Jesús les dijo: «Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta.»
Palabra de Dios...

Señor Jesús, sé que mi vida no sirve de nada si no la doy por Ti, pero sabes cuánto me cuesta desprenderme de mi tiempo, de mis gustos y de mis haberes. Ayúdame a tomar una decisión irrevocable, sin tratar de servir a Ti y al mundo. Dándote el primer lugar en mi vida podré servir mejor a mi familia, a mis amigos y a los demás.

Meditación
Compartir lo que tenemos

El Señor Jesús, en el texto evangélico de hoy, nos pone en guardia sobre el dinero y los bienes de esta tierra. Son pequeñas frases que invitan a tomar la opción que supone una decisión radical, una tensión interior constante.

Porque la vida es siempre una constante opción entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y solidaridad, entre bien y mal, es necesario que tomemos una decisión fundamental, para elegir entre Dios y el dinero.

Es decir nos vemos obligados elegir entre la lógica del lucro, como criterio último de nuestro quehacer, y la lógica del compartir, viviendo solidariamente. Si optamos por esta última lógica orientaremos nuestra vida hacia la fraternidad, estableciendo con ello en nuestra sociedad la lógica de la caridad, del compartir el desarrollo equitativo de todos los bienes entre todos los hombres.

En el fondo, se trata de optar por el egoísmo, o por el amor, por la justicia o por la injusticia. Para nosotros, seguidores de Cristo, se trata de amarle a Él y a los hermanos haciendo de ello la finalidad verdadera y última de toda nuestra vida.

Para hacerlo realidad es necesario hacer opciones fundamentales, estando dispuestos a renuncias radicales. Porque hoy, como ayer, nuestra vida de cristianos nos exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó al sacrificio de sí mismo en la cruz, dándonos con su vida, muerte y resurrección la vida eterna.

Sabemos que la única manera de hacer que fructifiquen, para la eternidad, nuestras cualidades y capacidades personales, así como las riquezas que poseemos, es compartirlas con nuestros hermanos, siendo de este modo buenos administradores de lo que Dios nos encomienda.

Recordemos que Santa Teresita decía: «La Fidelidad es la flor del amor y para la cual nada es pequeño.» Porque en el amor no hay mucho ni poco, o se ama o no se ama.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a usar con sabiduría evangélica, es decir, con generosa solidaridad, los bienes terrenos.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de Santa Catalina de Siena (Paterna)

Fuente:  Dominicos.org 

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