Diócesis

«Sé bien en quién he puesto mi confianza» (2 Tim 1, 12). Poderosa frase de san Pablo que aparece en la segunda carta que le envía a su amigo Timoteo desde la prisión. Por supuesto, esta no es una afirmación ligera, sino que tiene todo el peso y autoridad de un cristiano que está atravesando uno de los peores momentos de su vida, pues cuando escribe esto, Pablo está en Roma, aguardando su condena a muerte. Se encuentra solo, abandonado hasta por los creyentes. Aún así, le escribe a Timoteo para comunicarle su ánimo y total confianza en el Señor.

¡Qué testimonio! ¡Qué fe! Cuánta razón tenía Pablo en señalar en esa misma carta: «He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe» (2 Tim 4, 7). Tal vez nosotros no estemos en prisión, esperando nuestra condena a muerte, pero solo Dios sabe de nuestros problemas y nuestro dolor, de su profundidad y complejidad, de la carga que cada uno lleva sobre los hombros… Probablemente (ojalá) la mayor parte del tiempo sea un dolor quieto, presente pero apenas perceptible. Sin embargo, hay ciertos momentos en nuestras vidas donde todas las puertas parecen cerrarse al mismo tiempo, donde distintas situaciones sofocan nuestra vida y parece que literalmente TODO sale mal y no hay salida. ¿Qué hacer en esos momentos?

Como sabemos, los santos no fueron extraños a este escenario. Su amor a Dios y su fe no los eximieron del sufrimiento, ni ellos tampoco pretendieron que así fuera. La diferencia entre ellos y nosotros es que los santos, a pesar de atravesar semejantes o peores vicisitudes, conocían a su Señor y confiaban en Él. Es por eso que, basados en ese testimonio, les ofrecemos 5 puntos de reflexión que pueden ayudarnos cuando nos sintamos abatidos o defraudados por la vida:

1. Un día a la vez

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«No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le bastan sus propias preocupaciones» (Mateo 6,34). De esta forma, nuestro Señor nos alienta a no vivir en el pasado (resentimientos) ni mortificarnos por cosas que todavía no suceden (preocupaciones). Como verdadero hombre, conoce nuestra naturaleza y sabe de qué pie cojeamos. Él nos insta a vivir en el presente, a enfocarnos en las herramientas que tenemos hoy para que con cabeza clara podamos trabajar en lo que nos compete. De lo contrario, seremos presa fácil de preocupaciones abrumadoras que nos llenan de desaliento y que en el peor de los casos pueden llevarnos a la desesperación.

Un buen antídoto frente a esto es la oración de santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia. Ella misma fue atribulada por enfermedades, problemas, persecución y calumnias. Sin embargo, su fe, aplomo y sabiduría hizo que esta mujer revolucionara la sociedad de su tiempo y fuera un verdadero regalo de Dios a su Iglesia. Esta es pues una oración escrita en medio de esas contradicciones:

«Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Solo Dios basta. Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe. A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante. ¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa. Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda. Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia. Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza. Del infierno, acosado, aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene. Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta. Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, solo Dios basta» (Santa Teresa de Ávila, 1515-1582).

2. El sufrimiento/los problemas también son una oportunidad

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«Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar a Dios» (san Pío de Pietrelcina). Con esta corta frase, este gran santo italiano encapsula la sabiduría profunda de saber reconocer a Dios y su amor en medio de los problemas.

Podemos estar de acuerdo en que a veces nuestra propia terquedad, egoísmo, soberbia o incluso ignorancia hace que vivamos de espaldas a Dios, llevando vidas no malas necesariamente, pero bastante lejanas de ser santas. Es así que, sin darnos cuenta, podemos volvernos indiferentes con respecto a Dios, los sacramentos, el servicio a los demás o cualquier aspecto de la fe. Vivir así pone en peligro nuestra eternidad y Dios, como Buen Padre, intenta de todos los modos llamar nuestra atención, romper el estado zombi y catatónico de nuestra existencia para al fin abrirnos a Él.

El gran santo español, Juan de Ávila, también Doctor de la Iglesia, se refería a la sensación de ausencia de Dios como “noche del alma”. En el caso de los santos, la noche del alma no se refiere a momentos de crisis para que vuelvan a Dios, sino al tiempo prolongado de sequedad espiritual por el cual las almas devotas purifican su amor a Dios, de tal forma que lo amen no por lo que obtienen de Él sino por Él mismo. Ya sea que, nuestro caso sea uno u otro, creo que podemos identificarnos con la oración que San Juan de Ávila escribió estando injustamente preso acusado por sus propios hermanos. Edifica mucho que él celebre esta “noche oscura” pues sabe que es a partir de ella que el alma (la amada) y Dios (el Amado) se encuentran con redoblado amor:

«En una noche oscura, con ansias de amores inflamada, ¡oh dichosa ventura! salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía. Aquella me guiaba, más cierta que la luz del mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. ¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche más amable que la alborada, Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el Amado transformada!»

En medio de las dificultades y el desconcierto no hay otra luz que guíe sino la fe. Felices de nosotros si esa fe es como la que describe san Juan de Ávila: más cierta que la luz del mediodía.

3. Amar a Dios es confiar en Él

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«Nos vienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos. Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados: perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aplastados» (2 Cor 4, 8).

Una vez más citamos al gran apóstol san Pablo. Por medio de sus escritos y enseñanzas, no nos queda duda que conocía a nuestro Señor, que había experimentado Su amor y que, por eso, confiaba en Él. Como señalaba el Padre Bernardo Hurault: «Con la firme esperanza de la fe, el testigo de Cristo ha de mostrarse valiente y fuerte como mensajero de Cristo Vencedor. Convencerá por su propia convicción». Esa convicción será verdadera si nosotros, en medio de los problemas, no nos alejamos de Dios, sino que recurrimos más fervientemente a los sacramentos y a su Palabra que salva. En ese momento, experimentaremos la certeza de sabernos hijos amados de Dios y aunque andemos con graves preocupaciones, no caeremos en la desesperación, pues mientras estemos en gracia de Dios, nuestras vidas estarán en Sus manos.

4. ¿Voluntad de Dios?

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Aunque veces en el lenguaje cotidiano se suela atribuir cualquier cosa buena o mala a la voluntad de Dios, se puede caer en el error de creer que asesinatos, robos o cualquier tragedia sean algo que Él haya deseado. Como explicaba Madre Angélica, dentro de la voluntad de Dios, hay cosas que Él ordena, es decir cosas que desea para nosotros, y otras cosas que permite. Dentro de esta última categoría estarían los males ocasionados no por el bien, sino por la ausencia de Dios en la vida de las personas que los cometen. Sabemos que Dios respeta nuestra libertad, pues no somos robots que Él controla a su antojo (así de grande es su amor). Por lo tanto, a pesar de que Él no desee la muerte de alguien a causa de un conductor ebrio, por ejemplo, puede permitirlo sabiendo que en su omnipotencia «todas las cosas obran para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8, 28). La frecuencia de los sacramentos nos dará esta paz y certeza.

Más aún, en el evangelio, nuestro mismo Señor nos conforta y nos pide que no tengamos miedo. Nos habla una y otra vez del amor del Padre y de cuánto le importamos. Esto debería bastarnos para no dejarnos abatir por el peso de los problemas, pues Dios está en control de la historia: «¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto, no tengan miedo» (Mt 10, 29-31).

5. Mirar la Cruz

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¿Quién puede reclamar genuinamente acerca de las injusticias de la vida si fue el propio Jesucristo que experimentó la injusticia más grande de la historia? ¿Cómo ese Dios no va a entender nuestro padecimiento? ¿Cómo no hallaremos en Sus brazos consuelo? Mirar a Cristo crucificado en medio de nuestro dolor, llorar con Él frente al Santísimo, puede darnos el más dulce de los consuelos y la gracia de entender un poquito más el sentido salvífico del dolor. Mientras tanto, comparto con ustedes un extracto de «La Imitación de Cristo» de Thomas de Kempis:

«Tengo ahora muchos amantes de mi reino; pero pocos se preocupan por mi cruz. Muchos desean mis consuelos, pocos mis tribulaciones. Encuentro muchos compañeros de mi mesa, pocos de mi abstinencia. Todos quieren alegrarse conmigo, pocos quieren sufrir algo por mí. Muchos me siguen hasta la fracción del pan; pocos hasta beber el cáliz de mi Pasión. Muchos reverencian mis milagros, pocos se apegan a la ignominia de mi cruz. Muchos me aman mientras la prueba no les llega. Muchos me alaban y me bendicen mientras reciben algunos favores. Pero si me escondo y los dejo un instante, se quejan y caen en el más completo abatimiento. Al contrario, los que me aman por mí mismo y no en vista de algún interés particular, me bendicen en las pruebas y en las angustias del corazón, como en medio de las grandes alegrías».

Que nuestro Señor nos dé la gracia de los santos y aprendamos a amarlo, ofrecer nuestro sufrimiento por el bien de las almas y finalmente descansar nuestros corazones en el de Él. Así sea.

Fuente: CathoLink

El Vaticano ha comunicado que el 6 de julio a las 11 horas de Roma, el Papa Francisco celebrara una Misa por los migrantes en el Altar de la Cátedra, en la Basílica de San Pedro.

La celebración coincidirá con el quinto aniversario de la visita del Papa Francisco a la isla de Lampedusa el 8 de julio de 2013.

El director de la Oficina de Información del Vaticano ha especificado que “será un momento de oración por los difuntos, por los supervivientes y por aquellos que les ayudan”.

En la Misa participarán unas 200 personas, entre ellas algunos refugiados y personas que se ocupan de ellos.

Europa se encuentra estos días en pleno debate sobre la política migratoria de toda la Unión Europea, que ha visto cómo en los últimos días el flujo migratorio se ha acrecentado aún más si cabe.

Este hecho también ha provocado que cada semana haya decenas de muertos en las aguas del Mediterráneo: personas que han huido de sus países en guerra o golpeados por el terrorismo y a bordo de una embarcación intentan lograr un destino mejor en países de Europa, principalmente en Italia o España.

Fuente: aciprensa

El P. Juan Pablo Aroztegi fue ordenado sacerdote el pasado domingo 2 de julio por el Obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, en la catedral del Buen Pastor. El nuevo presbítero tiene 35 años, ingeniero industrial y ahora también es el sacerdote más joven de la diócesis.

Según ha relatado en diversos medios locales, el P. Juan Aroztegi comenzó a discernir su vocación después de que un amigo agnóstico le preguntara por qué era cristiano.

Hasta entonces no se había cuestionado por qué seguía a Jesucristo, ni tampoco qué quería hacer con su vida. Entonces trabajaba en una empresa de software libre en Pamplona (España) pero después de una profunda reflexión, decidió incorporarse al seminario.

Cuando el P. Juan Pablo decidió entrar en el seminario, en uno de los “mayores momentos de libertad” de su vida, y se lo comunicó al amigo que le había hecho esas preguntas que cambiaron su vida, éste le contestó que se lo esperaba.

“Tus amigos te conocen y pueden intuir tus decisiones. Es irónico, que un amigo agnóstico me hiciera cuestionarme mi vida cristiana y mi vocación”, afirmó.

Y aunque la mayoría de sus amigos no son creyentes, el P. Juan Pablo asegura que se tienen “mucho respeto”, por eso algunos acudieron a la misa de ordenación sacerdotal el pasado domingo. “Las conversaciones que tuve con algunos de ellos para comunicarles mi decisión fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. Me sentí libre y me mostré como soy. Hablamos de temas importantes que nunca antes habíamos tratado”, recuerda.

El P. Aroztegi explicó al Diario Vasco, los días previos a la ordenación estaba “tranquilo y emocionado” porque “lo que al principio era como una llama de fuego dentro de mí, pequeña pero de la que no podía dudar, durante estos años ha ido cogiendo fuerza. Llego[a la ordenación] sereno porque me siento muy libre. Y al mismo tiempo la emoción es grande. Estoy emocionado por todo lo que significa, y porque podré darme totalmente a aquello a lo que me siento llamado”.

Según afirma su familia sí se sorprendió cuando dio a conocer su decisión, a pesar de que siempre se había vivido la fe “de una manera muy natural”.

“Acudía a misa los domingos con ellos [su familia]. Es cierto que durante mi juventud y adolescencia no veía el sacerdocio para mi vida, pensaba que mi futuro era más bien el de formar una familia. Pero la vida da muchas vueltas”, afirma.

Según afirma al Diario Vasco, este joven sacerdote asegura que le gusta “estar abierto a las sorpresas de la vida. Quién me iba a decir con 15 o con 22 años que iba a acabar siendo sacerdote, ni se me pasaba por la cabeza. Sin duda las mejores cosas que me han sucedido en la vida han sido inesperadas. En ese sentido estoy expectante por todo lo que me espera en la vida sacerdotal. Sinceramente me espero una vida intensa y apasionante, con momentos buenos y otros de cruz y sufrimiento, como en cualquier otro camino en la vida”.

Además precisa que le gustaría seguir el ejemplo de algunos sacerdotes que han sido importantes en su vida.

“Admiro a los [sacerdotes] que no buscan tener éxito ni aplausos, sino ayudar a quien lo necesite sin que nadie lo sepa. Me atrae el sacerdote que es humilde en todos los sentidos, el que se ve a sí mismo como a un cristiano más, un discípulo de Jesús que está en camino como cualquier otro. El que es un hombre de Dios, reza por su pueblo y no busca nada más que las cosas de Dios. Y sobre todo me atrae el sacerdote que crea unidad, que sabe estar con los demás”, asegura.

También explica que uno de los retos del sacerdote de hoy es “formar comunidades cristianas donde se pueda vivir la grandeza de la vida en Cristo” y para ello anima a “ir a lo esencial, a lo que importa en la vida, a amar y ser amados”, y afirma que si se vive el cristianismo con autenticidad es “verdaderamente es atractivo”.

Fuente:aciprensa

Hace un par de semanas me escribió un amigo a quien no veía hace bastante tiempo para contarme que estaba en la ciudad y preguntarme si tenía tiempo para comer algo y conversar un poco. El, junto con otros amigos había compartido algunas clases conmigo hace un par de años; desde ese entonces teníamos un grupo de whatsapp donde compartíamos cómo iban las cosas con todos o recordábamos anécdotas de ese tiempo. Después de un rato de estar hablando, le pregunté porque desde hace tiempo no contestaba los mensajes que le enviábamos para saber si todo estaba bien. Me llevé una sorpresa cuando me contó que el año anterior había tenido una época muy difícil en su vida y cómo durante varios meses su único pensamiento antes de acostarse era si se tomaba o no un frasco de un medicamentos que tenía al lado de su mesa de noche para quitarse la vida.

Siguió contándome que durante ese tiempo se sentía constantemente triste, sin ganas de levantarse en las mañanas, pensaba que a pesar de su esfuerzo constante muchas cosas no salían como las había planeado y eso lo hacía sentirse peor. Él sabía que algo no estaba bien, sabía que podía estar deprimido pero se negaba a aceptarlo, porque creía que era normal sentirse triste de vez en cuando y él podía manejarlo, además batallaba con la sola idea de que otras personas pudieran pensar que estaba “mal de la cabeza” si les contaba lo que estaba pasando, así que seguía actuando normal desde afuera, pero en su interior había perdido la esperanza. No quería hablar con su familia porque pensaba que ellos tampoco lo entenderían, si ni siquiera él mismo sabía como alguien con todos los recursos y las oportunidades que él tenía podría sentirse de esa manera. Fue así como pensó que era mejor guardárselo para sí mismo y poco a poco ir tomando distancia de las personas que pudieran preguntarle más de la cuenta sobre cómo estaba o cómo iban sus planes en la vida (incluidos nosotros), hasta que tuviera el valor de dar el paso para acabar con su sufrimiento de una vez por todas.

Para hacer corta la historia, me contó que un día decidió que era momento de buscar ayuda profesional y aceptar que no podía solo, fue entonces cuando consultó a un psiquiatra y se dio cuenta que desde hace mucho tiempo tenía una depresión mayor, así que aceptó iniciar tratamiento con medicamentos y al mismo tiempo asistir a terapia psicológica. Durante ese proceso pudo compartir con sus padres y su familia que había estado deprimido y que por mucho tiempo había considerado quitarse la vida. Recibió el apoyo de ellos y ahora había retomado sus actividades de manera normal y sentía ganas de seguir adelante con su vida, al tiempo que seguía trabajando en su terapia.

Al final, le agradecí por compartir su historia conmigo y le dije que podía contar sinceramente con mi apoyo, si así lo consideraba. Ya de camino a casa empecé a pensar: ¿Por qué no confió en alguno de nosotros? ¿Por qué decidió simplemente aislarse? ¿Por qué alguien para quien todo parecía ir tan bien en su vida y con un gran futuro por delante había llegado al extremo de considerar terminar con su vida? ¿Pude haber hecho algo más para ayudarlo a pesar de la distancia? ¿Cómo es que ninguno de nosotros vio ni una sola señal de lo que estaba pasando? ¿Cuántas personas pueden estar viviendo lo mismo en estos momentos y no saben que hay otras opciones de ayuda?

Decidí escribir este post porque como católicos algunas veces no sabemos cómo abordar ciertas situaciones que pueden ser muy difíciles y requieren algo más que un enfoque desde el aspecto espiritual, y el suicidio es uno de ellos. Quiero compartir algunos recursos prácticos, señales de alarma y condiciones que pueden implicar un mayor riesgo de depresión y de suicidio, de manera que podamos identificarlos cuando alguien en nuestras familias, amigos, o incluso nosotros mismos este atravesando por una situación similar.

El centro de control de enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reportó este mes que la tasa de suicidios en hombres y mujeres mayores de 10 años de edad aumentó un 25% desde 1999. Uno de los hallazgos más interesantes es que un poco más de la mitad de las personas que murieron por suicidio no tenía historia conocida de ninguna condición mental. Esto implica, en otras palabras, que cualquiera puede estar en riesgo y refuerza la necesidad de reconocer los signos de alarma.

En promedio, un suicidio afecta íntimamente a otras 6 personas. Si ocurre en una institución educativa o en un lugar de trabajo puede afectar a cientos de personas. El suicidio es lo que se conoce en medicina como una condición “multifactorial”, es decir que no hay solo una causa conocida que lo pueda causar o aumentar el riesgo.

Los factores que con más frecuencia contribuyen al suicidio son:

Problemas de salud mental (particularmente trastornos del afecto como depresión y ansiedad, también esquizofrenia o ciertos trastornos de la personalidad, especialmente cuando hay limitación para el acceso a tratamiento)
Intento previo de suicidio o historia familiar de suicidio
Problemas en relaciones personales (pérdida reciente de una relación, familias disfuncionales, rechazo, vivir solo, etc.)
Situaciones estresantes en la vida (historia de trauma o abuso, falta de apoyo social, aislamiento)
Crisis recientes incapacitantes de cualquier tipo (perdida del trabajo o crisis económica)
Problemas de salud física mayores y dolor crónico.
Consumo de sustancias psicoactivas y alcohol (especialmente cuando no se puede o no se quiere acceder a opciones de tratamiento)
Problemas propios en la manera de afrontar las situaciones (impulsividad, pobre tolerancia a la frustración, expectativas demasiado altas de sí mismo o de los demás, humor inestable, comportamiento antisocial, sentimientos de inferioridad, etc).
Con esto hay que entender que no todas las personas que atraviesan crisis económicas o problemas en sus relaciones personales tienen un riesgo mayor de cometer suicidio, pues lo que para una persona puede ser estresante en la vida para otra puede no ser tan importante. Es necesario tener presentes no solo los factores asociados sino también a la persona quien está viviendo esas situaciones, y como él o ella responden frente a diferentes condiciones adversas o difíciles en la vida.

Algunos de los factores que protegen frente al suicidio son: tener una buena red de apoyo, buenas relaciones con el núcleo familiar, buenas habilidades sociales, buscar ayuda para tomar decisiones importantes o frente a las dificultades, ser receptivo a las experiencias y consejos de otras personas, factores culturales, participación en deportes, ser parte de la iglesia, asociaciones deportivas, u otras.

En el caso de que les compartí al principio, por ejemplo, no había ningún problema relacional o económico evidente que pudiera explicar que se sintiera así, lo cual hizo más difícil sospechar que pudiera estar considerando el suicidio, incluso para sus mismos familiares.

Cuando sospechar depresión:

Estado de ánimo depresivo o tristeza constante.

Trastornos del sueño: dormir muy poco o en exceso.

Pérdida de interés en las actividades que antes disfrutaba.

Pensamientos constantes de culpa o desesperanza.

Pérdida de energía: sentirse constantemente cansado o fatigado.

Dificultad para concentrarse en el trabajo o el estudio.

Aumento del apetito y el peso corporal, o disminución del apetito y pérdida de peso.

Movimientos corporales muy lentos o muy rápidos.

Ideas de muerte o de suicidio.

Signos de alarma que pueden ayudar a determinar si un ser querido puede estar en riesgo de suicidio y necesita ayuda:

Sentimientos frecuentes de depresión, ira, ansiedad o irritabilidad.

Manifestar el deseo de morir o suicidarse.

Acceso fácil a medios para hacerse daño como armas de fuego o a cualquier otro tipo de armas.

Haber considerado una manera específica de morir (buscar en internet páginas sobre suicidio o maneras de morir “sin dolor”, comprar un arma recientemente, etc.).

Manifestar ideas de desesperanza como: “siento que no hay esperanza para mí”, “la vida está llena de miseria”, “no vale la pena vivir”, “la vida no tiene sentido”, etc.

Manifestar sentirse atrapado en la vida o en un dolor insoportable.

Hablar acerca de ser una carga para otros (expresiones como: “sería mejor para todos si yo no estuviera acá”, “estoy cansado de ser una carga para todo el mundo”, etc.).

Aumento reciente en el uso de alcohol o sustancias psicoactivas.

Actuar de manera ansiosa o agitada, o tener conductas peligrosas o temerarias.

Dormir muy poco o en exceso.

Aislarse progresivo de las demás personas, incluso de amigos cercanos y familiares.

Visitar o llamar a otras personas para despedirse, empezar a regalar las cosas que más le gustan.

Mostrar signos de rabia o hablar acerca de buscar venganza.

Cambios de humor extremos (estar feliz de manera súbita luego de haber estado triste o deprimido por un largo tiempo).

El suicidio es la segunda causa de muerte en personas entre los 10 y 34 años de edad en los Estados Unidos. Lo cual también nos lleva a tener presente, además de los signos descritos anteriormente, algunos signos de alarma en adolescentes y adultos jóvenes:

Comportamiento violento o rebelde que sea inexplicable o muy marcado.

Pobre imagen personal y baja autoestima.

Historia de abuso o rechazo en la familia o por parte de amigos.

Comportamientos de promiscuidad sexual, actos de vandalismo o faltar constantemente a la escuela.

Comportamientos autodestructivos: hacerse cortes en la piel (mutilación), quemaduras o exceso en piercing o tatuajes

Cambios recientes y drásticos de personalidad.

Intranquilidad, angustia, agitación o ataques de pánico

Hablar más o escribir sobre suicidarse, así sea en broma.

Deterioro del rendimiento en la escuela.

Es importante no tener miedo a preguntar a la persona si se siente triste o deprimido, y preguntar específicamente si está considerando el suicidio como una opción en este momento y si tiene un plan específico para hacerlo.

En caso que alguna persona que usted conozca esté considerando suicidio en el momento o le manifieste un plan específico para hacerlo:

Permanezca tranquilo y dispuesto a escuchar.

Asegúrese de permanecer todo el tiempo con la persona.

No entre en una actitud crítica o de condena.

Llame a la línea de emergencia en su país, o a las líneas locales para la prevención del suicidio.

Busque ayuda médica o de un profesional en salud mental de inmediato. En caso de poder hacerlo de manera segura, lleve a la persona a la sala de emergencias más cercana.

Elimine los medios que tenga a su alrededor y puedan ser letales como armas de fuego, armas blancas, medicamentos o cualquiera que la persona le haya mencionado como parte de su plan.

Una vez este seguro que no hay un riesgo inminente para la vida de la persona en ese momento, y la persona haya manifestado pensamientos suicidas, también puede:

Hacer una cita para buscar ayuda con su médico de cabecera u otro proveedor de salud.

Llamar a un amigo cercano o un ser querido para recibir apoyo.

Contactar a su sacerdote, ministro, líder espiritual o alguien más en su comunidad de fe.

Nunca ignore los comentarios o preocupaciones acerca del suicidio.

Me gustaría compartir además el link para este documento titulado: «Cómo enfrentar el suicidio, enseñanza católica y respuesta pastoral», el cual contiene recursos adicionales e información más detallada desde una perspectiva católica.

Finalmente, quiero pedirles perdón por extenderme un poco más de la cuenta y agradecerles por leer este recurso que espero sea de ayuda para muchos. No está de más recordar que tenemos un Dios que nos ama sin límite y para quien nuestra vida es muy valiosa, independientemente de las circunstancias por las que hayamos pasado o estemos pasando. Él siempre nos invita a dejarnos llenar de su amor. Las situaciones difíciles siempre van a existir, y habrá momentos donde sintamos o veamos que alguien cercano esta considerando el suicidio como la única salida, allí es donde se nos invita a confiar aún más en Dios, en los demás y a hacer uso de todos los recursos que se nos han dado para preservar la vida.

*Adaptado de:

https://www.medpagetoday.com/psychiatry/depression/73396

Ten leading causes of death by age group, United States -2016. National Center for Injury Prevention and Control, CDC. (Las diez causas más frecuentes de mortalidad por grupo de edad, Estados Unidos – 2016), producido por el Centro Nacional para la prevención y el control de lesiones (en inglés).

Stone DM, Simon TR, Fowler KA, et al. Vital Signs: Trends in State Suicide Rates — United States, 1999–2016 and Circumstances Contributing to Suicide — 27 States, 2015. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2018; 67:617–624. DOI. (Signos vitales: tendendcias en las tasas de suicidio por Estado: Estados Unidos, 1999-2016 y circunstancias que contribuyeron al suicidio en 27 Estados), por Stone DM, Simon TR y colaboradores.

Risk factors and warning signs. What leads to suicide? (Factores de riesgo y signos de alarma. ¿Que lleva al suicidio?, por la Fundación Americana para la prevención del suicidio.

www.suicidepreventionlifeline.org (Línea nacional para la prevención del suicidio: 1-800-273-TALK o 1-800-273-8255).

Escrito por Gabriel Motoa.

Fuente: CtholicLink

El Papa Francisco aseguró que la puerta está cerrada para el sacerdocio de mujeres en la Iglesia Católica porque “dogmáticamente no va”.

En una entrevista concedida a la agencia de noticias Reuters, el Santo Padre resaltó que si bien las mujeres deben tener más funciones en la Iglesia, es necesario tener en cuenta que “con el orden sagrado no se puede porque dogmáticamente no va y Juan Pablo II fue claro y cerró la puerta, y yo no vuelvo sobre esto. Era algo serio, no un capricho”.

Respondiendo a la pregunta de Reuters sobre lo que le diría a una mujer que “realmente siente el fuerte deseo de convertirse en sacerdote”, el Pontífice señaló que “existe la tentación de ‘funcionalizar’ la reflexión sobre las mujeres en la Iglesia, que deben hacer esto, que tienen que ser esto otro. No, la dimensión de la mujer va más allá de las funciones. Es algo más grande”.

Tras señalar que “no hay Iglesia sin mujeres”, Francisco destacó que “la Iglesia es mujer, esposa de Cristo, es mujer dogmáticamente y sobre esto se debe profundizar y trabajar y no estar tranquilos porque funcionalizamos a las mujeres. Sí, se debe dar funciones, pero esto es poco, se debe ir más allá”, aunque no con el sacerdocio que está reservado a los hombres.

En ese sentido dijo que “no debemos reducir la presencia de la mujer en la Iglesia a la funcionalidad. No. Es una cosa que el hombre no puede hacer. El hombre no puede ser la esposa de Cristo. Es la mujer, la Iglesia, la esposa de Cristo”.

“En el cenáculo parece ser más importante María que los apóstoles. Sobre esto se debe trabajar y no caer –lo digo con respeto– en una actitud feminista. Al fin sería un machismo con falda. No debemos caer en esto”.

El Obispo de Roma indicó asimismo que “en la Iglesia hay funciones diversas, también la mujer puede ser jefe de un Dicasterio. Esto tiene una función, pero debe tener más que la función. Es otra dimensión de unidad, de acogida, de esposa. La Iglesia es esposa”.

Poniendo como ejemplo el impulso que ha dado a las mujeres en el servicio a la Iglesia, el Papa explicó que “para poner a una mujer como subdirectora de la Oficina de Prensa (del Vaticano) he debido luchar”.

Además, continuó, “entre los candidatos con los que estoy hablando para cubrir el puesto de Prefecto en la Secretaría de Comunicación también había una mujer, pero no estaba dispuesta porque tenía otras tareas”.

“Ahora las dos subsecretarias que he nombrado en el Dicasterio de Laicos, Familia y Vida son mujeres. En este sentido es necesario avanzar según la calidad. No tengo ningún problema en nombrar como jefe de un dicasterio a una mujer, si es que el dicasterio no tiene jurisdicción” como “el de economía, que podría ser dirigido por una mujer competente”.

POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa

Fuente: aciprensa

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