José Agustín Valbuena Jaugueri

ESCUDO EPISCOPAL DE MONSEÑOR JOSE AGUSTIN VALBUENA J.

El Escudo Episcopal de Monseñor José Agustín Valbuena trae de azul y un estalle de plata cargado de otro de sable; en jefe de plata un León Leopardo de gules con una sierpe al natural bajo su garra y en capaña una planta de algodón con su tallo y dos hojas de oro y el copo de plata. En palo tras el escudo, por timbre, una cruz simple de oro. Por divisa en cinta de plata y letras de sable y leyenda: COLABORANTES FIDEI EVANGELII SIMBOLISMO: * El azul, que domina el campo del escudo es emblema de su prudencia y serenidad, importantes virtudes de los prelados. *El estaye o cabria disminuida es una pieza honorable que ostenta los esmaltes dominantes del escudo Episcopal del Excmo. Monseñor Eduardo Martínez Somalo, Nuncio Apostólico, Obispo Consagrante. *Las cabrias y estayes simbolizan al caballero parado fuertemente sobre la tierra y por tanto, son símbolo de firmeza y resolución. *En Jefe ostenta un León que pelea con una sierpe. Corresponde al escudo de los Valbuena e indica la lucha valiente y generosa que las almas nobles deben emprender contra el mal. En campaña o punta un copo de algodón que se eleva de su planta. *Esta figura campea en el escudo del “Valle de Uparis “junto con otros productos típicos de la región. Pero, además contiene un hermoso simbolismo aplicable a nuestra señora: Pura, Humilde, Sencilla y Servicial para todos, ricos y pobres. El pueblo que la cultiva tiene una gran riqueza que siempre se renueva. Sirve también para curar las heridas. Delante del Sumo Pontífice se quema el día de su coronación para recordarle que todo pasa y es breve la vida. *La Divisa o lema tomada de S. Pablo (Fil. 1,27) traduce el anhelo del nuevo prelado de llevar adelante todos juntos la gran obra de la Diócesis que no es otra que la de la Iglesia Universal: propagar la fe del evangelio para conformar el Reino de Dios. ANOTACIONES: El León se representa en heráldica erguido sobre sus patas traseras, es decir, “rampante”. El leopardo, en cambio se representa se dice “leopardo”, lo cual como se ve, nada tiene que ver con el color o manchas de su piel. Ha sido un gran acierto escoger el algodón entre los varios símbolos que figuran en el escudo de Valledupar, para poder trasladar a nuestra señora de la pobreza, titular de la Catedral, la humildad, blancura y servicio de la planta. En numerosos escudos episcopales se representa a María con los emblemas tradicionales de la rosa, la estrella, la torre, la luna o la corona. Por eso algo tan nuestro y tan bello como un copo de algodón no puede menos de señalar un acierto original y arfotunado.

DEL EXCELENTISIMO MONSEÑOR JOSE AGUSTIN VALBUENA J. COMO OBISPO DE VALLEDUPAR

“En la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora del Rosario de Valledupar, a diez de diciembre de mil novecientos setenta y siete, tomó posesión de la DIOCESIS DE VALLEDUPAR el Excmo. y Rvdmo. MONSEÑOR JOSE AGUSTIN VALBUENA J., nombrado OBISPO DE VALLEDUPAR por su Santidad Pablo VI, felizmente reinante, mediante la Bula “ Apostólico Munere”, del nueve de septiembre de mil novecientos setenta y siete, ante el Excmo. y Rvdmo. Monseñor German Villa Gaviria, Arzobispo Metropolitano de Barranquilla. Leída la Bula Pontificia, en presencia de los Excmos. Señores Obispos asistentes, del Ilustrísimo Señor Vicario Capitular, Presbiterio Diocesano y Fieles congregados en el Templo, fue verificada su autenticidad por el señor Canciller de la Diócesis y con el aplauso ferviente de los fieles se posesionó de su Sede. Al concluir la celebración Eucarística el Señor Obispo dirigió a los fieles su saludo e impartió su bendición. Los Sacerdotes Diocesanos, seculares y religiosos dieron su abrazo de obediencia y fraternidad al Obispo posesionado. Firman este Acta todos los Prelados asistentes, y los Sacerdotes Diocesanos y visitantes. Valledupar, Diciembre 10 de 1977.

PRIMER MENSAJE DEL SEÑOR OBISPO A LA DIOCESIS DE VALLEDUPAR

Con honda emoción y profundo afecto, va mi saludo para la Diócesis de Valledupar – Su Vicario Capitular, su Presbiterio, sus Comunidades Religiosas, sus Instituciones Apostólicas, sus Autoridades Civiles y Militares y para todos los fieles. Comprendo que ser Obispo hoy, es una vocación de servicio y sacrificio, no es propiamente un honor sino el abrazarse a la Cruz de Cristo. Le ofrezco al Señor la aceptación de esta Vocación y quisiera poder servir a la Iglesia con la gracia de Dios, hasta el heroísmo. Considero un honor la oportunidad que se me ofrece de estar precisamente al servicio de esa Diócesis y de tomar como míos, sus desvelos, sus penas, sus angustias, sus deseos, sus anhelos y sus aspiraciones. Quiero gastarme, siguiendo las huellas generosas, de mi predecesor, el Obispo Bueno, Monseñor Vicente Roig y Villalba. Me causa dolor abandonar las tierras del Tolima, en donde me formé, me hice sacerdote y he ejercido mi Ministerio y donde se me ha brindado apoyo, afecto y colaboración. A la Arquidiócesis de Ibagué, le debo lo que soy – principalmente a su noble Arzobispo, Monseñor José Joaquín Flórez Hernández y a mis hermanos sacerdotes, para todos mi más sentido agradecimiento – y mi petición para que me ayuden con sus oraciones en la misión que Paulo VI ha puesto sobre mis frágiles hombros.

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