Vicente Roig y Villalba

Y LINEA PASTORAL

Enviad vuestros artículos, vuestras sugerencias, las noticias, los ecos de vuestras parroquias, las vibraciones de los movimientos apostólicos”. Esta línea pastoral ha sido continua en su ministerio. Desde el año de su nombramiento hasta semanas antes de su desaparición, año tras año se ha hecho presente ante su comunidad con sus mensajes, documentos y cartas pastorales. A título informativo entresaco los títulos de sus escritos sin entrar a dar juicios de valor sobre ellos: “Vence el mal con el bien”. Rom. 12, 21, junio 29, 1945. “La familia cristiana”, febrero 26, 1946. “Santificación de las fiestas”, febrero 6, 1949. “Carta pastoral con motivo de importantes efemérides misionales”, mayo 31, 1955. “La devoción al Corazón de Jesús”, marzo 1, 1957. “Programa cristiano para cuaresma”, febrero 21, 1960. “Vida de fe”, 11 de febrero, 1961. “Bodas de oro del Vicariato”, septiembre 8, 1955. “La voz del prelado en la creación del Vicariato de Valledupar”, agosto 15, 1953. “Centenario del dogma de la inmaculada”, octubre 15, 1953. “Aguinaldo a favor del pobre”, octubre 15, 1953. “Carta pastoral del año mariano”, enero 15, 1954. “Entusiasmo mariano”, abril 15, 1954. “Bodas de oro del Vicariato”, 31 de mayo, 1935. “Circular”, febrero 11, 1956. “Festividad del corazón de Jesús”, mayo 1, 1957. “Pastoral sobre los cursillos de cristiandad”, Ultreya en Roma. La actuación pastoral de Vicente Roig era la confirmación y puesta en práctica de los documentos que publicaba. El primero en llevarlos a la práctica era él mismo. Como un sacerdote más de la diócesis tenía asignada cada día su misa en la catedral. Ningún domingo, estando en casa, se libraba del compromiso de la misa vespertina, a la que acudía en auditorio incondicional, ávido siempre de su mensaje. “Para Vosotros Soy El Obispo Con Vosotros Soy Un Cristiano Más” Valledupar, a pesar de su largo historial misionero, es diócesis joven. Apenas hace un puñado de años se le dio la mayoría de edad. Sin embargo, a juzgar por los frutos y las obras surgidas en su suelo, da la impresión de una diócesis experimentada y con sabor a fervor añejo. Desde su fundación, allá por los años de 1575, se pusieron las primeras bases de la evangelización. Han sido necesarios varios siglos de historia agitada y dura para hacer posible la realidad sociocristiana que vive hoy el departamento. Los sudores de los primeros frailes predicadores, secundado años más tarde por los hijos de San Francisco han hecho posible el panorama esperanzador que presenta en este momento esta porción de Iglesia local dotada en gran parte de clero autóctono y dinámico. Suman un total de veintidós las parroquias que conforman el territorio diocesano, ubicadas en las siguientes localidades: Fonseca, San Juan del Cesar, El Molino, Villanueva, Urumita, La Paz, Sandiego, Codazzi, Becerril, Chiriguaná, Curumaní, Chimichagua, El paso, Caracolicito, Atanquez. Y en Valledupar: La Concepción, San José Obrero, Cristo Rey, El Carmen, La Catedral y San Francisco de Asís. Amén de la Jagua de Ibiricu y la Astrea, de reciente creación. A ellas se añaden las iglesias y capillas que la misión capuchina tiene regadas por la serranía de los motilones y la Sierra Nevada. El equipo pastoral diocesano está compuesto por un total de 27 sacerdotes seculares, 12 capuchinos, seis comunidades religiosas y varios equipos de misioneros seglares. Durante su ministerio episcopal trabajaron los siguientes sacerdotes: Francisco de Mandiazábal, Vicario Episcopal; Alfonso Aragón, Francisco Tobón, Juan Segarra, José Mignó, Raimundo Ríos, Martín Palacios,Adolfo Catral, Rafael Sierra, Armando Becerra, Luis Oñate, Augusto Ovalle, Virgilio Fernández, Juan Chirino, Adalberto Ibarra, Jaime Mestre, José M. Castañeda, Rafael Daza, Joaquín Jimenez, Francisco Ramírez, Alvaro Bolivar, Felix Mendoza, Marco F. Ortíz, Beltrán Hinojosa, Miguel Calle, José Martorell, Diego Pérez, José A: Mackenzie, Guillermo Rozo, Eduardo Reillo, Antonio Nácher, Jorge Arcila, Ricardo Cubillos, Plácido de Albalá, Manuel de Medellín, Felipe de Piedecuesta, Juan de San Antonio. Creed En Sus Obras Las comunidades femeninas que conformaron el equipo diocesano estaba compuesto por: Terciarias Capuchinas, Carmelitas, Misioneras de la Madre Laura, Franciscanas Misioneras de María,AMS y equipos de misioneros seglares. En medio de este equipo apostólico jamás se consideró el primero ni exigió honores de ningún género. Su casa estaba abierta a cuantos le visitaban. Luis Carlos Oñate me confesaba: “Monseñor era un pastor entre sus ovejas. Hay pastores a los que con dificultad se los ve. El nuestro vivía confundido con el pueblo. A veces entraban a su despacho preguntándole donde estaba el Obispo. Bastaba gritar en el palacio al franquear la puerta “Señor Obispo”, y se hacía presente de inmediato”. Diego Pérez, director del movimiento de cursillos describe así al cursillista Mons. Vicente: “No quiso ser menos que los demás cristianos. Realizó su vivencia personal en forma ejemplar.

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